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Afganistán
es
un país arrasado tras más de 23 años de
guerra. A las secuelas de la guerra contra la
ocupación soviética y las guerras civiles,
se añadió desde 1996 la existencia del régimen
talibán, que no sólo no tuvo nunca un
proyecto de reconstrucción del país, sino
que estableció una cruel dictadura que ha
alejado cada vez más la posibilidad de un
gobierno estable y democrático.
Sus
señas de identidad fueron la más atroz
opresión de las mujeres, la brutalidad y la
arbitrariedad, las ejecuciones y torturas públicas
en campos de fútbol y estadios, obligando a
asistir a la población a amputaciones,
apaleamientos y lapidaciones, la destrucción
y persecución de la cultura, etc.
La
dictadura talibán estableció un estado
totalitario y terrorista contra las mujeres en
el que:
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Las mujeres tenían prohibido trabajar, ir al
colegio o a la universidad o recibir
asistencia sanitaria.
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Las mujeres debían vestir obligatoriamente el
burka, un velo que las cubre completamente, de
pies a cabeza, e ir acompañadas de un varón.
Las ventanas de las casas debían estar
oscurecidas, para que las mujeres no fuesen
vistas desde fuera.
-
Las mujeres, al igual que el resto de la
población, tenían prohibido escuchar música,
ver películas o la televisión, las
celebraciones, salir a comer al campo, jugar
con muñecos o echar a volar cometas.
Después
de los atentados del 11 de septiembre de 2001,
el inicio de la nueva guerra de Afganistán ha
agravado la situación de la población civil,
desarrollándose rápidamente una nueva crisis
de refugiados, adicional a las que vienen
produciéndose desde hace años por la huida
de millones de personas hacia Pakistán. Esos
refugiados han huido de las sucesivas guerras,
de la sequía y destrucción del país, así
como también de la cruel opresión de los
fundamentalistas islámicos y los talibanes.
Hoy,
con la liquidación del régimen talibán,
nace una nueva esperanza para las mujeres
afganas, que han visto levantadas algunas de
las normas que las silenciaban y trataban de
convertirlas en objetos invisibles. No
obstante, la recuperación plena de los
derechos humanos básicos no está, ni mucho
menos, garantizada, por lo que se requiere que
prestemos toda nuestra solidaridad a las
mujeres afganas y a sus organizaciones democráticas,
así como que reclamemos a la comunidad
internacional que preste todo su apoyo a la
reconstrucción democrática de Afganistán y
que presione y vigile a los nuevos
gobernantes, demostrándoles que no se va a
permitir un talibanismo sin talibanes.
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