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Intervención de nuestra compañera Xohana Bastida, miembro de la Junta Directiva de ACPP, en nombre de nuestra organización
Señora Presidenta de Liberia, Señora Primera Ministra de Mozambique, Señora Vicepresidenta Primera del Gobierno de España, Ministras, autoridades presentes y, muy especialmente, representantes de las organizaciones sociales de mujeres.
Hemos recibido la encomienda de presentar, en este 2º Encuentro de Mujeres Africanas y Españolas, el Convenio suscrito por la Agencia Española de Cooperación Internacional que Asamblea de Cooperación por la Paz va a llevar a cabo en el periodo 2006 – 2010 en Senegal. Y si bien es verdad que este Convenio va a ser impulsado por Asamblea de Cooperación por la Paz, nos sentimos aquí deudores del trabajo de todas las ONGs españolas, y en alguna medida, representantes de ellas. Nos parece importante señalar que en este mundo de la cooperación, con sus diferentes niveles —bilateral, multilateral, descentralizada…— creemos aportar algo esencial: la corresponsabilización y el esfuerzo conjunto de la sociedad civil del Norte, en este caso la española, y de la sociedad civil del Sur, en este caso la africana. Y este esfuerzo, aunque alguna vez les cueste entenderlo incluso a las instituciones públicas, tanto a las nuestras como a las suyas, no sólo es importante por los resultados materiales que produce, sino fundamentalmente como conjunción de ideales y de valores; como encuentro de dos ciudadanías organizadas de manera espontánea que colaboran y, al hacerlo, se enriquecen mutuamente.
No somos la Banca, no somos empresas; somos sociedad civil organizada con posiciones sociopolíticas, sociedad civil en donde las mujeres, nosotras, somos además un componente oprimido y vulnerable, y al mismo tiempo especialmente creativo; un componente fundamental para el desarrollo de los pueblos desde una visión de equidad. Y en este punto, evidentemente, ocupa un lugar destacado la equidad de género; pero también la equidad de intereses, de culturas, de sociedades… Porque ya es indudable que, juntas, hacemos un mundo mejor.
Este Convenio, un convenio de medio alcance en el tiempo a 4 años (2006 - 2010) que presenta la Asamblea de Cooperación por la Paz, simboliza en cierto modo la aspiración y el trabajo cotidiano de las ONGs africanas como representantes de su sociedad civil, y de las ONGs españolas como representantes, igualmente, de nuestra sociedad civil.
Es un Convenio que concita, además, —y esto es importante— la colaboración de las instituciones públicas de la sociedad del norte, la española a través del acuerdo suscrito con la Agencia Española de Cooperación Internacional, y las instituciones de la sociedad del sur, y que entiende como un elemento esencial en la cooperación la conjugación de los intereses públicos institucionales con los intereses públicos civiles, que son, para nosotros, los prioritarios en todo proceso de cooperación.
Como sociedades civiles organizadas, no debemos tener ningún miedo a conjuntar nuestros esfuerzos con las instituciones públicas representativas, siempre y cuando no olvidemos la necesidad de poner en cuestión lo que se considera el “orden global”, ese orden global que potencia invasiones, masacres de población y leyes absolutamente reaccionarias de aranceles; porque la sociedad civil del Norte ni es, ni se siente colonizadora, y la sociedad civil del Sur nunca permitirá ser una sociedad colonizada.
algunos momentos de la intervención de ACPP
Queremos presentarles un Convenio de cooperación que proviene de una experiencia tal vez no muy amplia en África Subsahariana, pero que ha surgido de la práctica de 7 años de trabajo de nuestra organización, Asamblea de Cooperación por la Paz, en Senegal, en la Región de la Casamance.
Ya llevamos tiempo trabajando en esta región, desde una visión que conjuga conscientemente no sólo las aspiraciones de la población, sino también sus posibilidades de desarrollo, sus experiencias técnicas, culturales, y los planes diseñados por las instituciones públicas que la representan. Evidentemente, nuestro empeño siempre ha sido trabajar sin paternalismos, sin creer que la concepción del progreso de nuestras contrapartes africanas era la mejor, sin pensar jamás que nuestra concepción era superior, sino desde una visión de encuentro; desde eso que, en realidad, significa la palabra “cooperación”. Y sobre todo, volvemos a incidir en ello, desde una relación de una sociedad civil con otra sociedad civil que no tiene un carácter compasivo ni paternalista, sino que asume que el desarrollo es, sustancialmente, la extensión de la justicia social hacia todos los seres humanos.
Así pues, de la experiencia acumulada a lo largo de los 90 proyectos realizados en el Departamento de Oussouye surgió esta nueva propuesta que estamos iniciando en el departamento de Ziguinchor. Durante estos siete años de trabajo hemos tocado los ejes que tanto las organizaciones de Oussouye como Asamblea de Cooperación por la Paz considerábamos como esenciales en el desarrollo, y creemos haber tenido éxito en esta labor.
Es por ello por lo que decidimos plantearnos una nueva visión de todo ese modelo de desarrollo. Descubrimos —tal vez hubiéramos debido descubrirlo antes—, que no era suficiente con un eje transversal, horizontal, de potenciación de la participación femenina; descubrimos que las mujeres somos exactamente la clave de esta concepción equitativa, pragmática e integral de la cooperación al desarrollo, y nos planteamos extender nuestra labor, enriquecida por esta nueva visión, la al Departamento de Ziguinchor, contiguo al de Oussouye. De ahí surgió este Convenio: desde la práctica y desde la experiencia de lo conseguido, enriquecidas por lo que llegamos a considerar como necesario para conseguir más. Habrán observado que la mayor parte de las fotografías que han aparecido hasta ahora retrataban escenas de mujeres; y no es por casualidad. Si las mujeres constituyeron el elemento motor de todas nuestras actuaciones en Oussouye, ¿cómo no hacerlas el eje fundamental de nuestras nuevas intervenciones en Ziguinchor? Si las mujeres estuvimos en el origen de gran parte de las propuestas generadas en el Norte, y fuimos fuente sustancial de las respuestas en el Sur, ¿cómo no íbamos a hacer de ese eje primordial la clave de nuestra extensión a nuevas zonas de intervención?
Por eso planteamos este Convenio, un Convenio que no excluye a nadie sino que alcanza a todos, partiendo de un motor de desarrollo que recae en las mujeres pero que no puede servir sólo a las mujeres. Porque nosotras sí entendemos que nuestra adquisición de representatividad debe servir a todos los seres humanos, sean mujeres u hombres.
Por eso este convenio hace de la mujer el eje sustancial del desarrollo; pero, aunque todas sabemos que las palabras son importantes, creo que somos conscientes de que las realidades lo son mucho más. Por ello, quisiera presentarles las realidades que resultarán de este modesto Convenio: 11 grupos de cooperativas de mujeres para la gestión de cultivos hortícolas; otras 5 cooperativas de mujeres para el procesamiento del arroz y del mijo; 7 cooperativas mixtas para la pesca artesanal; 3 cooperativas mixtas para la producción agrícola, 7 cooperativas mixtas pecuarias, y otras 3 cooperativas mixtas de transformación de productos.
Este convenio también supondrá la construcción de 2 mercados, 5 diques anti-sal, 10 maternidades rurales, 6 puestos de salud, 2 casas de salud, 2 sistemas de evacuación de enfermos, 5 sistemas de suministro de agua potable y 200 letrinas; la reforma o construcción de 24 escuelas de educación primaria, 1 guardería y 1 biblioteca; y el apoyo a 17 asociaciones de mujeres y 17 cooperativas.
En definitiva, desarrollo económico, salud materno-infantil, educación, servicios básicos y organización social; organización de las mujeres.
Porque, compañeras, además de ser más de la mitad de la población, y más de la mitad del cielo —de cualquier cielo—, somos algo más que la mitad del desarrollo. Somos el principio y, aunque a menudo no se nos reconozca, somos el desarrollo; somos las violadas, las marginadas y las oprimidas; pero, sobre todo, somos el futuro. Un futuro, compañeras africanas, compañeras españolas, que por compartido será una esperanza y un cambio de las reglas. Un futuro que nos han retrasado pero que avanza innovador y pleno en las sociedades del Sur y del Norte, y que significará un giro en la vida, en esa vida que nosotras, al menos nosotras, sabemos que generamos cotidiana y permanentemente, y sin la cual no existiría el ser humano.
O si quieren ustedes, el ser humano y la ser humana; porque hasta en el lenguaje tenemos que cambiar las reglas.
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