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Pamela O´Malley Bonass

Presidenta de Asamblea de Cooperación Por la Paz, querida amiga y compañera

(Dublín, 1929 - Madrid, 2006)

De tus pasos parte nuestro camino. En su recuerdo, su familia y amigos/as, los socios/as y la Junta Directiva de ACPP.

"Who owes a debt to this great woman"

Pamela O´Malley nació en Dublín en 1929. Desde 1953 vivía en Madrid, dedicada a la enseñanza en el Colegio Británico hasta su jubilación. En 1975 obtuvo la nacionalidad española, y en 2003 se le concedió la Medalla del Trabajo.

Militó en Comisiones Obreras, el Partido Comunista Español, el Partido Democrático de la Nueva Izquierda y, desde 1993, en Asamblea de Cooperación Por la Paz.

 

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A las Brigadas Internacionales

Venís desde muy lejos... Mas esta lejanía
¿qué es para vuestra sangre que canta sin fronteras?
La necesaria muerte os nombra cada día,
no importa en qué ciudades, campos o carreteras.

De este país, del otro, del grande, del pequeño,
del que apenas si al mapa da un color desvaído,
con las mismas raíces que tiene un mismo sueño,
sencillamente anónimos y hablando habéis venido.

No conocéis siquiera ni el color de los muros
que vuestro infranqueable compromiso amuralla.
La tierra que os entierra la defendéis seguros,
a tiros con la muerte vestida de batalla.

Quedad, que así lo quieren los árboles, los llanos,
las mínimas partículas de la luz que reanima
un solo sentimiento que el mar sacude: ¡Hermanos!
Madrid con vuestro nombre se agranda y se ilumina.

Rafael Alberti. Madrid, diciembre de 1936

To the International Brigades

You come from far away... Yet that distance,
what is it to your blood, which sings without borders?
Necessary death names you day by day,
no matter whether in cities, fields or roads.

From this country and that, from big countries and small,
from one that scarcely is a blot on the map,
with the same roots in the same dream,
simple and anonymous, talking as you came.

You do not even know the colour of the walls
that your unbreachable commitment shores up.
You defend the earth that covers you, confident,
shooting it out with Death dressed for battle.

Stay here, so cry the trees, the plains,
the tiniest particles of light that join
one sentiment alone to shake the seas: Brothers!
Madrid with your name swells and shines brighter.

Rafael Alberti. Madrid, december 1936

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Rompiendo su costumbre murió sin antes haberlo previsto. La Parca no figuraba en su agenda y menos aún en la nuestra. No le dió opción, acostumbrada como estaba Pamela a luchar, la muerte sólo podría vencerla embistiendo a traición.

Cuando la vimos por última vez nada auguraba que esa sonrisa era su último regalo. Sonrisa que recogimos con nuestra retina y que residirá en lo más íntimo de cada uno de nosotros en cuanto se apague el sollozo de hoy.

Lo que ayer era vida hoy es recuerdo. Esa imponente presencia, ese castellano trabucado, esa bondad transparente se entremezclan mientras las lágrimas brotan de nuestros ojos cerrados.

Nosotros hemos perdido un referente, tendremos que acostumbrarnos a colmar la oquedad de su ausencia y ser conscientes del privilegio que supone haber compartido vida y proyecto con Pamela.

La Asamblea de Cooperación Por la Paz es joven, pero fuerte y madura. Es la herencia que nos confía. Su legado. Nuestro compromiso. Porque sabemos que llegará el día en que la justicia se vislumbre en el horizonte. Porque ese camino nos lo trazó con tres claves: educación, educación y educación.

Pamela, desde el tendido siete de la vida: Ole, Ole y Ole.

 

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Una irlandesa comprometida con la democracia y la educación en España

Un derrame cerebral acabó el pasado fin de semana con la vida de una mujer, irlandesa y española, que contribuyó como pocas a la lucha por las libertades en España, a los esfuerzos por la mejora de la educación en nuestro país y, en la última etapa de su vida, a la Cooperación Internacional para el Desarrollo como Presidenta de Asamblea de Cooperación Por la Paz.

Pamela O´Malley nació en Dublín, en 1929. En 1953 viajó a España y se quedó, fijando su residencia en Madrid, en cuyo Colegio Británico trabajó toda su vida de profesional de la enseñanza. En los años sesenta inició su compromiso en la lucha antifranquista, ingresando en el PCE y trabajando en el impulso de los movimientos sindicales y profesionales democráticos en la educación.

Fue fundadora, en la clandestinidad, de Comisiones de Enseñanza (la rama de Comisiones Obreras en el sector educativo), contribuyendo a que su actividad unitaria con las fuerzas democráticas y de Izquierda incluyera a personas del PSOE tan destacadas como Luis Gómez Llorente o Mariano P. Galán.

Conocí a Pamela en el momento en que una labor de años, a la que ella contribuyó mucho, fraguó en la aprobación, en 1974, por la Asamblea General del Colegio de Doctores y Licenciados de Madrid de la Alternativa de Escuela Pública, documento de referencia durante muchos años de la izquierda educativa y de los defensores del sistema público de enseñanza. Sorprendente espacio de libertad arrancado a un franquismo tardío pero igualmente represor.

En los años posteriores, recuperada ya la democracia en España, Pamela trabajó activamente en la fundación y desarrollo del Sindicato de Enseñanza de Madrid y de la Federación Estatal de CC.OO. No abandonó su militancia política, siempre centrada en ámbitos educativos, en la Comisión de Educación del PCE y posteriormente en el área educativa de Izquierda Unida; su última afiliación política fue al extinto Partido Democrático de la Nueva Izquierda.

Si se pudieran resumir en pocos rasgos su personalidad destacaría si capacidad para generar respeto entre quienes se relacionaban con ella, con independencia de que estuvieran o no de acuerdo con sus ideas u opiniones; y su gran capacidad de compromiso y de trabajo. Esto último fue subrayado cuando se le concedió en 2003 la Medalla del Trabajo.

El compromiso y el trabajo siguieron desde su jubilación como profesora hasta el día de su muerte: primero terminando, en el Reino Unido, su tesis sobre los movimientos educativos bajo el franquismo y dirigiendo la redacción del libro Education Reform in Democratic Spain (La reforma educativa en la España democrática); después, a través de su plena y solidaria dedicación a la Cooperación Internacional.

Nunca buscó puestos de relevancia. Tal vez por ello la huella de su paso por el mundo es más profunda que su conocimiento por el gran público, pero es una huella imborrable para las muchas personas que las conocimos.

Javier Doz. Miembro de la Comisión Ejecutiva Confederal de CC.OO

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Conocí a Pamela hace ya treinta años. Sería por la primavera de 1976. Nos habían convocado a una reunión en Madrid para organizar de forma más estable a los profesores/as del PCE de toda España y para coordinar lo que entonces se estaba haciendo en los Colegios de Doctores y Licenciados.

Cuando entro en la sala de aquella casa antigua de Madrid, creo que en la calle Alameda, por el Paseo del Prado, me encuentro con una señora con pinta extranjera sentada a la mesa y presidiendo la reunión junto a José Sandoval, histórico dirigente del PCE y entonces encargado de aquella tarea. Y cuando aquella señora empezó a hablar, habló generalmente poco en las reuniones (cosa que se agradecía dada la espantosa manía de platicar que se tiene en las reuniones políticas), noté que su acento era típicamente inglés.

Pero ¿quién es esta tía?, me dije. En un descanso ella se dirigió a mí, interesándose por cómo iban las cosas en Andalucía, y desde entonces Pamela O´Malley se convirtió en una persona muy cercana durante los siguientes treinta años. Así, en alguna velada en Huelva o a lo mejor en un pub de Limerick, me contó cómo llegó a España en la década de los cincuenta buscando el misterio de este país; cómo se encontró en la ciudad de Jerez en esa década tan oscura con los empresarios bodegueros, posiblemente la casta social más engolada y clasista de aquel entonces.

En torno a un vaso de whisky (irlandés, por supuesto) que ella me recomendaba aunque no lo bebiera, me contó los trajines de su padre al importar vino de Jerez hacia Irlanda, y la utilización de los toneles de aquel vino para macerar un whisky irlandés extraordinariamente cotizado. Me relató cómo, al ser detenida por la Brigada Social en los años sesenta y pasar presa a Carabanchel, sus antiguas maestras del Sagrado Corazón en Irlanda organizaron una colecta para pagar su fianza.

Y es que, me explicaba con suave sonrisa no exenta de malicia, las monjas del Sagrado Corazón siempre fueron muy de sus alumnas, no las abandonaban.

Décadas después sonaba el teléfono de mi apartamento en Bruselas y al descolgar oía el suave y delicadísimo acento británico, el mismo que treinta años atrás, siempre dispuesta a proponerme cualquier aventura de la ONG que hasta su muerte ha presidido. La última, hace unos meses, me anunciaba que tendría que volver seguramente a Bruselas para ver cómo iba un proyecto de solidaridad que debía financiar la Comisión Europea.

Desde aquella primavera de 1976 relaciono a Pamela O´Malley con multitud de iniciativas políticas, sociales y sindicales. Siempre desde una modestia impecable y, a la vez, con una dedicación y entrega que no conocí en ninguna otra persona. Era incansable. Terminaba una reunión a altas horas de la noche y al día siguiente sus alumnos del Colegio Británico la esperaban en su clase a partir de las 8:30.

Y siempre con la carcajada y la ironía irlandesa que le hacía mirar al mundo (e incluso a los británicos) de forma amable. Lo único que no perdonaba y que le hacía ausentarse de reuniones, me comentaban amigos y ella misma, eran sus lidias taurinas en San Isidro en Las Ventas.

No perdonaba una y se instalaba, al parecer, en el tendido más bronquista y castizo. ¡Y no desentonaba entre aquella tribu de gritones y críticos impenitentes!. Como es normal, al residir en Madrid, no era apasionada de Curro Romero, pero la volvía loca otro Curro, el Vázquez.

Pamela (y otros colegas que por ahí andan) cofundó CC.OO de la Enseñanza enfrentándose a toda la dirección del PCE que había decidido entonces apoyar otro tipo de sindicalismo unitario a la manera francesa. Seguramente eso no se sabe pero así fue: la gente que entonces estaba montando las Comisiones de Enseñanza le dijeron que no a la dirección, que se llamaba Santiago Carrillo, del propio partido que, se decía, estaba detrás de aquella organización de maestros y profesores. ¡Ironías de la Transición!.

De aquella decisión, polémica y discutida y que, a los que entonces nos tocó la china de pelearla, costó mil reuniones, broncas, disgustos y amistades, surgió un sindicato que hoy es el primero de la enseñanza española. Que sirva para muchos años y para muchas cosas.

Ahora renace la pasión por la historia y la memoria de la transición. Se han dicho y se están diciendo muchas bobadas y algunas necedades sobre nuestra historia del siglo XX que da vergüenza escucharlas. Pamela se asombraba mucho cuando en los últimos años observaba el clima que se había instalado en las reuniones políticas educativas. Comparaba esta época con la de los Pactos de la Moncloa y los años de la transición, y no entendía cómo se podía se tan pequeño de mentalidad en asunto tan importante como la educación.

Pamela O´Malley fue injustamente expulsada de su partido (PCE). Un clima de intolerancia y cerrazón hizo posible aquello. Pocos años después volvió por sus fueros en la Nueva Izquierda (PDNI), un intento de adecentar esa margen del pensamiento progresista. Allí nos veíamos de nuevo, ella con sus pastillas para el corazón, y nos reíamos, ya con más añitos, al observar los mismos tics de algunos personajes en las reuniones. Aquella batalla perdida, que no fué la única, nos echó definitivamente de la política. Ella, sin perder la sonrisa, se dedicó a las tareas de solidaridad presidiendo la Asamblea de Cooperación Por la Paz.

Nunca vi en Pamela sensación de derrota o fracaso. Esta vez, sin embargo, el toro negro de la muerte la ha cogido bien, y nos ha dejado con el mal sabor de boca y la tristeza en el alma que produce la pérdidad de gente entrañable.

Sé que si me bebo un buen vaso de whisky irlandés estará plenamente satisfecha; siempre me decía que fueron los irlandeses quienes habían inventado el whisky y, estoy seguro, Pamela tenía razón también en esto.

Javier Aristu. Escuela Europea de Bruselas I

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Rebel educationist in Madrid (versión en castellano)

Pamela O'Malley was a well-known Madrid character who dedicated her life to democracy and education in Spain. She held dual Irish and Spanish nationality and became a militant member of the anti-Franco opposition and was jailed for her beliefs.

Many of her pupils at the British School in Madrid were the sons and daughters of leading members of the Franco regime, but this never influenced her attitude to her charges. When the judge who had sentenced her to prison was assassinated by ETA, she was one of the first to visit the family to offer her condolences. She remained close to hundreds of these former pupils, manny of whom have gone on to make their mark in Spanish politics, the judicary or diplomacy.

O'Malley was born in 1929 in Dublin but brought up in Limerick, where her family were wine importers. She admitted that her rebellious streak was inherited from her mother and, straight out of University College Dublin, she ran away with a married man, Gainor Crist (an american friend of the writer J. P. Donleavy, who used him as the model for Sebastian Dangerfield, the "brawling, boozing, whoring" hero of his 1955 novel The Ginger Man). But she remained close to her family and many friends in Ireland, visiting them al least twice every year.

She first came to Spain in 1947 when their father sent her with her brother George to visit their sherry suppliers. Spain in the 1940s was very different from today, and foreigners were rarely seen. She often reminisced about many incidents of that trip, including one when they arrived in Jerez and were taken to the beach by their Spanish hosts. When she changed into a chaste black woolen regulation school bathing suit, her hostess, a former English public-school girl herself, was horrified at what she considered to be a revealing garment. She insisted on lending O'Malley a more discreet model complete with a skirt to cover her thighs.

She married Gainor Crist in Gibraltar when they moved to Spain in 1952, first to Barcelona and then to Madrid the following year. They taught English before she joined the staff of the British School where she remained for 34 years until her retirement. Her husband died, aged 42, in 1964.

In the 1960s she became involved with the underground anti-Franco struggle when she joined the clandestine Comunist Party and was a founder member of the education branch of the Workers' Commission, at that time also illegal. It was not an easy time for anyone fighting for democracy in Spain. O'Malley was detained several times for her political activities and served two jail sentences. Even in Carabanchel prison she continued to work, and she passed the time teaching her fellow prisoners, many of them prostitutes, to read and write.

After Franco's death in 1975 adn the legalisation of trade unions and political parties she remained active in the struggle for democracy and teachers' rights. Always the protester, she rarely missed a demonstration, once spending several hours parading through Madrid dressed in a burkha protesting against the Taliban's treatment of women in Afghanistan.

Even in politics she was rebellious. In 1982 she was expelled from the Spanish Communist Party for adopting an unorthodox Euro Communist line. She joined several others who had suffered the same punishment in forming the Izquierda Unida (United Left). But she was not always in agreement with them either and as with many of her fellow IU members her sympathies gradually swung towards the Socialists.

After her retirement from the British School in 2003 she was awarded the Gold Medal by the Spanish Ministry of Labour for her work to further Spanish education. But it was not a quiet requirement. She wrote a doctoral thesis on educational movements under Franco and edited a book, Education Reform in Democratic Spain (with Oliver Boyd-Barrett, in 1995). In 1995 she was appointed President of the Asamblea de Cooperación Por la Paz (Assembly of Cooperation For Peace), and NGO promoting racial harmony between children of different races and building schools and other projects in Third World countries. Their most recent work has been in Palestine, a country she visited in many occasions.

However busy O'Malley was, her regular season ticket at the Madrid bullring during the San Isidro bullfight festival was sacred, and she could always be seen in the same seat high up in the arena. She had and encyclopaedic knowledge of the history and art of bullfighting.

Jane Walker. The Independent

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Una educadora rebelde en Madrid (english version)

Pamela O'Malley era una persona muy conocida en Madrid, que dedicó su vida a la democracia y a la educación en España. Poseía la nacionalidad irlandesa y la española, se convirtió en una militante de la oposición anti-franquista y fue encarcelada por sus ideas.

Muchos de sus alumnos en el British Council eran hijos e hijas de altos cargos del régimen franquista, pero esto nunca influyó en el desempeño de su labor como docente. Cuando el juez que la había condenado a prisión fue asesinado por ETA, ella fue una de las primeras personas en visitar a la familia para transmitirle sus condolencias. Siempre conservó una estrecha relación con estos antiguos alumnos, muchos de los cuales han dejado huella en la política, la judicatura y la diplomacia españolas.

Pamela nació en Dublín en 1929, pero creció en Limerick, donde su familia se dedicaba a la importación de vinos. Ella siempre decía que su rebeldía la había heredado de su madre y, al terminar sus estudios en la University College de Dublín, se escapó con un hombre casado, Gainor Crist (un americano amigo del escritor J. P. Donleavy, quien se inspiró en él para su personaje Sebastian Dangerfield, el “pendenciero, borracho y mujeriego” protagonista de su novela de 1955, The Ginger Man (El hombre de jengibre). Pero siempre permaneció cercana a su familia y a muchos amigos en Irlanda, a los que visitaba al menos dos veces al año.

Viajó a España por primera vez en 1947 cuando su padre la envió a ella y a su hermano George a visitar a sus proveedores de jerez. España en los años cuarenta era muy diferente a como es ahora, y era difícil ver extranjeros. A menudo recordaba anécdotas de ese viaje, como aquella en que, habiendo llegado a Jerez, sus anfitriones les llevaron a la playa. Cuando se cambió y se puso el casto bañador de lana negra de su colegio, su anfitriona, educada a su vez en un colegio público inglés, se escandalizó ante lo que consideró una prenda atrevidísima. Insistió en prestar a Pamela un modelo mucho más discreto, de cuerpo entero con una falda que cubría hasta las rodillas.

Se casó con Gainor Crist en Gibraltar cuando se mudaron a España en 1952, primero a Barcelona y, al año siguiente, a Madrid. Dieron clases de inglés, y después Pamela se incorporó como profesora al British Council, donde permaneció 34 años hasta su jubilación. Su marido murió, a los 42 años de edad, en 1964.

En los años sesenta se involucró en la lucha contra Franco, y en la clandestinidad, se afilió al Partido Comunista Español y fue miembro fundador de la sección de educación de Comisiones Obreras, también ilegal en esa época. No eran tiempos fáciles para los luchadores por la democracia en España. Pamela fue detenida numerosas veces a causa de sus ideas políticas, y cumplió dos penas de prisión. Incluso en la cárcel de Carabanchel continuó trabajando, y pasaba el tiempo dando clase a sus compañeras de prisión, muchas de ellas prostitutas, a las que enseñó a leer y escribir.

Tras la muerte de Franco en 1975 y la legalización de los sindicatos y partidos políticos continuó trabajando activamente en la lucha por los derechos de los profesores. Rara vez se perdía una manifestación, incluso en una ocasión se paseó durante horas por Madrid vestida con un burkha en protesta por el trato que daban los talibanes a las mujeres en Afganistán.

Incluso en la política era rebelde. En 1982 fue expulsada del PCE por adoptar una postura heterodoxa, en la línea del euro-comunismo. Se unió a muchos otros compañeros que habían sufrido la misma represalia en la creación de Izquierda Unida. Pero aun así no siempre estaba de acuerdo con ellos y, como muchos de sus compañeros en IU, sus simpatías fueron gradualmente acercándose a los socialistas.

Tras su jubilación en 2003, recibió del Ministerio del Trabajo español la Medalla de Oro del Trabajo, por su labor a favor de la educación en España. Pero su retiro no fue relajado. Escribió una tesis doctoral sobre los movimientos educativos bajo el régimen franquista y editó un libro junto con Oliver Boyd-Barrett en 1995, Education Reform in Democratic Spain (La reforma educativa en la España democrática). En 1995 fue elegida Presidenta de Asamblea de Cooperación Por la Paz, una ONG que promueve el entendimiento entre culturas, entre niños de distintas razas, y que construye escuelas y desarrolla otros proyectos en los países del Tercer Mundo. Su labor más representativa es en Palestina, país que ella visitó en muchas ocasiones.

Por muy ocupada que estuviera Pamela, su abono de temporada en la plaza de toros de Madrid para la feria de San Isidro era sagrado, y siempre se la podía ver en el mismo asiento en el tendido. Tenía un conocimiento enciclopédico sobre la historia y el arte del toreo.

Jane Walker. The Independent

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¡Joder Pamela, cuando no nos quedaban más que quince días para empezar la temporada! ¿Quién me va a echar la capa por encima de mis hombros en esos días de lluvia?.

Acabo de venir de verte, no me ha visto casi nadie, porque no he podido aguantar ni cinco minutos, bueno quizás es que he sido tan cobarde que apenas he pisado esa sala trece.

Ayer, antes de saber nada, le dije a Elvira que tenía que llamarte para ver si me dejabas alguna entrada de Las Ventas con el fin de escanearlas para mi próximo libro. A las siete me llamó Natacha y...

Iba para veinticuatro años tenerte allí, justo encima de mí, o un poquito a la derecha y ahora... ¿quién va a ser mi colega?. Ten por seguro que la complicidad que teníamos para ver los toros, aun hablando poco, se acabado para mí.

Creo que es el día para ponerme a trabajar en Antonio, no, en Don Antonio Bienvenida, que seguro que te recibirá enseñándote como se dan los tres pases cambiados, con esa sonrisa y torería que siempre admiraste.

Hasta siempre, Pamela.

Antonio González. Tendido siete

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Unconventional activist who made Spain her home (versión en castellano)

Pamela Kathleen Mary O'Malley de Crist, born July 12th 1929, who died suddenly February 12th in Madrid aged 76, lived a full life in several words, and graced all of them with her courage, intelligence, kindness and humour.

Here parents were Kathleen and Patrick O'Malley of Limerick. Her father was a wine importer, a successful business ibherited by her late brother, George. She was a second cousin of the late Donough O'Malley, the legendary Fianna Fáil minister for education, and she remained close to his nephew, Des O'Malley, despite her contrasting political philosophies.

Pamela was a marvelous raconteur, and she relished stories which explode stereotypes. When she was still a studente in UCD, a tall beauty with a great mane of flaming red hair, she announced to her parents that she intended to live with her lover, without benefit of marriage. Her parents brought her to a priest to set her straight.

"Do you know that what you propose to do is a mortal sin?" the priest asked her. She did, she replied. "Ando you still want to do ti?". I do, she replied. "With all your heart?" persisted the priest. "Yes", she said, "with all my heart".

"Then, my daughter, do it you must", this unorthodox priest concluded, to her baffled parents' outrage.

Her love was Gainor Crist, an American studying in Ireland under the GI Bill. To Pamela's mild irritation, he became the model for the protagonist of JP Donleavy's novel "The Ginger Man", a rather misleading label that has proved hard to shake off over the years.

The couple went to London in 1952, where she made lifelong friends, before moving to Barcelona two years later. They got married in Gibraltar and made their final home in Madrid. Gainor died in 1964. He was the love of her life, and she never remarried.

Pamela became a respectd and beloved teacher at the British School. Many of her pupils were the chiildren of prominent Francoists, but she was attracted to the opposition, and was soon a significant figure in the illegal Communist Party of Spain.

She joined that party, she said, because "it was the only body sufficiently well organised and coherent to form an effective underground opposition to Franco". She was particularly impressed with this strategy of "national reconciliation" which promised to promote democracy while avoiding a repeat of Spain's civil war. She was an independent - minded as she was loyal: she was expelled from the party twice, but then twice accepted invitations to rejoin. Her last party affiliation was with the now defunct Partido Democrático de la Nueva Izquierda (Democratic Party of the New Left).

She was a founding member of the communist - backed Workers' Commissions in the field of education. She talked in the most matter - of - fact fashion about those years, despite the ever - present risks of arrest and torture. After two brief detentions, she was charged with possession and distribution of communist propaganda, and sentenced to six months by a notorious military tribunal.

The general who sentenced her also told the school to reinstate her once she got out: "She is the best teacher my daughters have ever had". After the reintroduction of democracy, the same general was killed by the Basque terrorist group ETA. Pamela attended the funeral, and was summoned to the coffin by his widow.

"You were always a Red", declared the grieving woman, "but you always said that this kind of thing was wrong".

Pamela saw that the general's son, an army officer, was weeping abjectly by the coffin. She learned that he had sought a transfer to the Guardia Civil, and was serving in the Basque Country. She feared he might be seeking revenge for his father. She was relieved when she heard that he had fall in love, and was going to rejoin his old army unit, far from the conflict zone. But before he could make that move he, too, was killed by ETA.

For Pamela, the story summed up her belief that violence was futile, and that reconciliation was the only worthwhile political path.

It was no surprise, then, that she spent much of her retirement working tirelessly for a Spanish peace group, the Asamblea de Cooperación Por la Paz, of which she was president at the time of her death. She was granted a doctorate for a thesis on education in the Franco period and edited a book on education reform.

The Spanish labour ministry recognised her work with a gold medal, and the ministry of education awarded her the Alfonso X el Sabio prize. She returned into Ireland frequently, to visit her many friends in Dublin and Limerick. She holydayed on her beloved Achill every summer, and enjoyed the Merriman Summer School and the Kate O'Brien Weekend.

For her irish friends, she will be remembered more for culture than politics, and most of all for her exuberant and generous sense of life. She was a mentor to many visitors to Madrid, and introduced the young Seamus Heaney to the paintings of Goya and Velázquez in the Prado. A manuscript cpoy of his poem about that period, Summer 1969, had pride of place on her wall.

She was a true aficionado of bull - fighting, and knew and loved every stone of Madrid's old quarter. To share these pleasures with her was a privilege and an education, always rounded off with wise and witty reminiscences over a bottle of good wine and tapas. The Spanish capital will be a duller city without her.

She is survived by her step - daughters Mariana and Jane, her niece Siobhán and her nephews Brendan and Conor.

Irish Times

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"Verano de 1969", por Seamus Heaney (english version)

Marie y yo conocimos a Pamela en el verano de 1969 cuando fuimos a pasar tres semanas con Anna, la hermana de Marie, que era vecina suya. Pamela estaba entonces en la plenitud de su ser emocional y físico; era una mujer de porte audaz, una activista política amiga de poetas y artistas que ya tenía algo de legendario.

Nos resultó atractiva de inmediato por la relación que había mantenido en el pasado con Gainor (Crist), y por la relación que mantenía en aquel momento con la Guardia Civil. Pero además, tenía aquel glamour especial que yo identificaba con la figura de Maud Gonne. En aquella época, Pamela aparecía ante mis ojos como la Gonne que Yeats describe en su poema No second Troy: “alta y solitaria, y severa en extremo”. Aquella descripción cuadraba perfectamente a Pamela en una de sus dimensiones: la de noble luchadora por la democracia, la de mujer dispuesta a ir a la cárcel por sus ideas y a prestar testimonio de las convicciones de otras personas.

Pero Pamela tenía otra dimensión: también era una irlandesa afable, de intelecto ágil y embriagadora cordialidad, capaz de bromear y reír pero igualmente capaz de discutir y argumentar apasionadamente. Y estas primeras impresiones se confirmaron ampliamente a medida que pasaron los años y nuestro cariño mutuo se convirtió en una entrañable amistad.

Fue siempre un orgullo para mí que Pamela conservara colgada en la pared de su casa una copia manuscrita de un poema mío en el que recordaba aquel caluroso verano de 1969 que compartimos intensamente en la Arganzuela, aquel verano en que el peligro se estaba fraguando en nuestra tierra, en Derry y Belfast, y la figura de nuestro futuro comenzaba a manifestarse en las brutalidades y pesadillas retratadas por Goya.

Así que aquí, en su memoria, está

“Verano de 1969”

"Mientras la Policía cubría a la multitud
disparando hacia Falls, yo sólo sufría
el tiránico sol de Madrid.
Todas las tardes, en el calor de cazuela
de mi piso, mientras me abría paso sudando
por la vida de Joyce, los olores del mercado de pescado
se elevaban como el hedor del lino en remojo.
En el balcón, por la noche, gules de vino,
impresión de niños en rincones oscuros,
viejas con chales negros junto a ventanas abiertas,
el aire, una garganta surcada por un río de español.
Hablábamos hasta llegar a casa cruzando campos iluminados por las estrellas,
donde los charoles de la Guardia Civil
brillaban como el vientre de los peces en las aguas emponzoñadas por el lino.

"Retrocede", dijo uno, "agrúpense".
Otro conjuró a Lorca desde su colina.
Nos sentábamos para ver listas de muertos y crónicas taurinas
en la televisión, y celebridades
llegadas de lugares donde seguían ocurriendo cosas de verdad.

Me batí en retirada al frescor de El Prado.
"Los fusilamientos del tres de mayo" de Goya
cubría una pared – los brazos en alto,
los espasmos de los rebeldes, los militares
con casco y mochila, la eficiente
ráfaga de la fusilería. En la sala contigua,
sus pesadillas, injertadas en las paredes del palacio –
oscuros ciclones que abrazaban y rompían; Saturno
engalanado con la sangre de sus propios hijos,
el Caos gigantesco girando sus brutales caderas
sobre el mundo. También ese duelo
en el que dos enloquecidos se apaleaban a muerte
por honor, metidos en la ciénaga hasta las grebas, hundiéndose.

Goya pintó con los puños y los codos, sacudió
el capote ensangrentado de su corazón mientras la historia embestía."

Seamus Heaney. Escritor y poeta irlandés, Premio Nobel de Literatura en 1995

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"Homenaje a la memoria de Pamela O'Malley", en el Museo Irlandés del Trabajo, el 2 de Abril de 2006 (english version)

Es realmente un gran honor para mí, como miembro del Comité Ejecutivo Irlandés de la Asociación de Amigos de las Brigadas Internacionales, participar en este acto de conmemoración de la vida y trayectoria de Pamela O’Malley. Estoy hoy aquí representando a los dos últimos supervivientes de los irlandeses que lucharon en las Brigadas Internacionales, Bob Doyle y mi padre, Michael O’Riordan, que está hospitalizado. Pero también estoy aquí para representar a todos los veteranos británicos que aún siguen vivos, y especialmente a un gran amigo de Pamela, Sam Russell. La razón de esto es que Pamela fue una de esas personas que, en las décadas que siguieron a la Guerra Civil, hicieron suya la lucha de estos veteranos en favor de la democracia en España y contra la dictadura fascista —una lucha simbolizada en el acto de hoy por la bandera conmemorativa de la Columna Connolly, 15ª Brigada Internacional—. La de Pamela fue una postura valiente, por la que pagó el precio de ser encarcelada. Así pues, hay sobradas razones para incluir entre las palabras que hoy vamos a pronunciar en recuerdo de Pamela aquel poderoso homenaje poético que su camarada Rafael Alberti dedicó a todos los brigadistas: A las Brigadas Internacionales. Porque Pamela O’Malley merece la primera y última estrofas de ese poema tanto como aquellos veteranos:


"Venís desde muy lejos... Mas esta lejanía
¿qué es para vuestra sangre que canta sin fronteras? [...]
Madrid, con vuestro nombre, se agranda y se ilumina."


Como Director del Departamento de Investigaciones del sindicato irlandés SIPTU, tuve la oportunidad de debatir sobre el legado de Pamela en un encuentro celebrado en Bruselas el 21 de marzo pasado con mi colega, camarada y amigo Jorge Aragón Medina, Director de la Fundación 1 de Mayo de Comisiones Obreras. En los oscuros días de la dictadura franquista, la propia Pamela estuvo entre los fundadores de aquel movimiento clandestino en el sector de la educación. Jorge me envió una copia del magnífico texto de homenaje que escribió sobre Pamela Javier Doz, Secretario General de la federación de educación de CCOO, quien decía de ella lo siguiente:

“Nunca buscó puestos de relevancia. Tal vez por ello, la huella de su paso por el mundo es más profunda y tiene mucha más hondura que su mera presencia como figura pública. Para las muchas personas que la conocimos, es una huella imborrable”.

Una muestra de la modestia de Pamela es que, cuando se acercó a mi para felicitarme tras una charla que di en el Merriman Summer School en 1997, lo primero que hizo fue preguntarme si me acordaba de ella. ¿Cómo podría haberla olvidado? Se había convertido en una heroína de mi infancia en los años sesenta, cuando mi padre me contó que la habían encarcelado los franquistas.

Coincidí con Pamela en tres memorables ocasiones en España. La primera en 1994 en el campo de batalla del Jarama, con motivo de la inauguración de un monumento sobre la fosa común donde están enterrados 5.000 combatientes republicanos —entre ellos el poeta irlandés Charles Donnelly—, un acto en el que también tuve el privilegio de conocer a Rafael Alberti. La segunda fue en 1996, en la casa del embajador de Irlanda, Richard Ryan, durante un acto de homenaje a mi padre y a otros irlandeses veteranos de las Brigadas Internacionales que acababan de recibir la nacionalidad española, conferida por una decisión unánime del Congreso de los Diputados español. La última ocasión fue en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, en 2002, en la presentación de la autobiografía de Bob Doyle Memorias de un rebelde sin pausa.

Tanto en la primera como en la última, recité otro poema de Alberti: Si mi voz muriera en tierra, que traduje tanto al inglés como al gaélico, en memoria de la imborrable memoria de aquellos ya fallecidos que nos dejaron el legado de su lucha por la libertad.

Hoy, en este funeral humanista, recuerdo las palabras del poeta alemán Goethe cuando decía que “la poesía es una oración secular”. Así que una vez más, en honor de Pamela O’Malley, vuelvo a recitar aquellos versos de Alberti:

"Si mi voz muriera en tierra
llevadla al nivel del mar
y dejadla en la ribera.
Llevadla al nivel del mar
y nombradla capitana
de un blanco bajel de guerra.
¡Oh mi voz condecorada
con la insignia marinera:
sobre el corazón un ancla
y sobre el ancla una estrella
y sobre la estrella el viento
y sobre el viento la vela!"

La perdurable voz de la propia Pamela O’Malley es la voz exuberante de la España democrática de hoy por la que tan valientemente luchó, siempre con medios pacíficos. Es también la voz de las renovadas esperanzas de lograr una paz democrática que han surgido en las últimas semanas en Euskadi y en toda España, complementadas por los avances en Catalunya.

Pamela, gracias a ti y a tus compañeros de lucha, hoy tenemos una España democrática; y se puede repetir, no sólo con esperanza sino también ahora con certeza, aquellas inolvidables palabras de Dolores Ibárruri, la Pasionaria: “¡No pasarán!”.

¡Salud y victoria!

Manus O'Riordan. Director del Departamento de Investigaciones del sindicato irlandés SIPTU

 

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