A
las Brigadas Internacionales
Venís desde muy lejos... Mas esta
lejanía
¿qué es para vuestra sangre que canta sin fronteras?
La necesaria muerte os nombra cada día,
no importa en qué ciudades, campos o carreteras.
De este país, del otro, del grande,
del pequeño,
del que apenas si al mapa da un color desvaído,
con las mismas raíces que tiene un mismo sueño,
sencillamente anónimos y hablando habéis venido.
No conocéis siquiera ni el color
de los muros
que vuestro infranqueable compromiso amuralla.
La tierra que os entierra la defendéis seguros,
a tiros con la muerte vestida de batalla.
Quedad, que así lo quieren los árboles,
los llanos,
las mínimas partículas de la luz que reanima
un solo sentimiento que el mar sacude: ¡Hermanos!
Madrid con vuestro nombre se agranda y se ilumina.
Rafael Alberti. Madrid, diciembre
de 1936 |
To the
International Brigades
You come from far away... Yet that distance,
what is it to your blood, which sings without borders?
Necessary death names you day by day,
no matter whether in cities, fields or roads.
From this country and that, from big countries and small,
from one that scarcely is a blot on the map,
with the same roots in the same dream,
simple and anonymous, talking as you came.
You do not even know the colour of the walls
that your unbreachable commitment shores up.
You defend the earth that covers you, confident,
shooting it out with Death dressed for battle.
Stay here, so cry the trees, the plains,
the tiniest particles of light that join
one sentiment alone to shake the seas: Brothers!
Madrid with your name swells and shines brighter.
Rafael Alberti. Madrid, december 1936 |
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Rompiendo su costumbre murió
sin antes haberlo previsto. La Parca no figuraba en su agenda
y menos aún en la nuestra. No le dió opción,
acostumbrada como estaba Pamela a luchar, la muerte sólo
podría vencerla embistiendo a traición.
Cuando la vimos por última
vez nada auguraba que esa sonrisa era su último regalo.
Sonrisa que recogimos con nuestra retina y que residirá
en lo más íntimo de cada uno de nosotros en cuanto
se apague el sollozo de hoy.
Lo que ayer era vida hoy es recuerdo.
Esa imponente presencia, ese castellano trabucado, esa bondad
transparente se entremezclan mientras las lágrimas brotan
de nuestros ojos cerrados.
Nosotros hemos perdido un referente,
tendremos que acostumbrarnos a colmar la oquedad de su ausencia
y ser conscientes del privilegio que supone haber compartido vida
y proyecto con Pamela.
La Asamblea de Cooperación
Por la Paz es joven, pero fuerte y madura. Es la herencia que
nos confía. Su legado. Nuestro compromiso. Porque sabemos
que llegará el día en que la justicia se vislumbre
en el horizonte. Porque ese camino nos lo trazó con tres
claves: educación, educación y educación.
Pamela, desde el tendido siete
de la vida: Ole, Ole y Ole.
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Una irlandesa
comprometida con la democracia y la educación en España
 |
Un
derrame cerebral acabó el pasado fin de semana con
la vida de una mujer, irlandesa y española, que contribuyó
como pocas a la lucha por las libertades en España,
a los esfuerzos por la mejora de la educación en nuestro
país y, en la última etapa de su vida, a la
Cooperación Internacional para el Desarrollo como Presidenta
de Asamblea de Cooperación Por la Paz.
Pamela O´Malley
nació en Dublín, en 1929. En 1953 viajó
a España y se quedó, fijando su residencia en
Madrid, en cuyo Colegio Británico trabajó toda
su vida de profesional de la enseñanza. En los años
sesenta inició su compromiso en la lucha antifranquista,
ingresando en el PCE y trabajando en el impulso de los movimientos
sindicales y profesionales democráticos en la educación.
Fue fundadora, en la
clandestinidad, de Comisiones de Enseñanza (la rama
de Comisiones Obreras en el sector educativo), contribuyendo
a que su actividad unitaria con las fuerzas democráticas
y de Izquierda incluyera a personas del PSOE tan destacadas
como Luis Gómez Llorente o Mariano P. Galán.
|
Conocí a Pamela en el momento
en que una labor de años, a la que ella contribuyó
mucho, fraguó en la aprobación, en 1974, por la Asamblea
General del Colegio de Doctores y Licenciados de Madrid de la Alternativa
de Escuela Pública, documento de referencia durante muchos
años de la izquierda educativa y de los defensores del sistema
público de enseñanza. Sorprendente espacio de libertad
arrancado a un franquismo tardío pero igualmente represor.
En los años posteriores,
recuperada ya la democracia en España, Pamela trabajó
activamente en la fundación y desarrollo del Sindicato de
Enseñanza de Madrid y de la Federación Estatal de
CC.OO. No abandonó su militancia política, siempre
centrada en ámbitos educativos, en la Comisión de
Educación del PCE y posteriormente en el área educativa
de Izquierda Unida; su última afiliación política
fue al extinto Partido Democrático de la Nueva Izquierda.
Si se pudieran resumir en pocos
rasgos su personalidad destacaría si capacidad para generar
respeto entre quienes se relacionaban con ella, con independencia
de que estuvieran o no de acuerdo con sus ideas u opiniones; y su
gran capacidad de compromiso y de trabajo. Esto último fue
subrayado cuando se le concedió en 2003 la Medalla del Trabajo.
El compromiso y el trabajo siguieron
desde su jubilación como profesora hasta el día de
su muerte: primero terminando, en el Reino Unido, su tesis sobre
los movimientos educativos bajo el franquismo y dirigiendo la redacción
del libro Education Reform in Democratic Spain (La reforma
educativa en la España democrática); después,
a través de su plena y solidaria dedicación a la Cooperación
Internacional.
Nunca buscó puestos de relevancia.
Tal vez por ello la huella de su paso por el mundo es más
profunda que su conocimiento por el gran público, pero es
una huella imborrable para las muchas personas que las conocimos.
Javier Doz. Miembro
de la Comisión Ejecutiva Confederal de CC.OO
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Conocí a Pamela hace ya
treinta años. Sería por la primavera de 1976. Nos
habían convocado a una reunión en Madrid para organizar
de forma más estable a los profesores/as del PCE de toda
España y para coordinar lo que entonces se estaba haciendo
en los Colegios de Doctores y Licenciados.
Cuando entro en la sala de aquella
casa antigua de Madrid, creo que en la calle Alameda, por el Paseo
del Prado, me encuentro con una señora con pinta extranjera
sentada a la mesa y presidiendo la reunión junto a José
Sandoval, histórico dirigente del PCE y entonces encargado
de aquella tarea. Y cuando aquella señora empezó a
hablar, habló generalmente poco en las reuniones (cosa que
se agradecía dada la espantosa manía de platicar que
se tiene en las reuniones políticas), noté que su
acento era típicamente inglés.
Pero ¿quién es esta
tía?, me dije. En un descanso ella se dirigió a mí,
interesándose por cómo iban las cosas en Andalucía,
y desde entonces Pamela O´Malley se convirtió en una
persona muy cercana durante los siguientes treinta años.
Así, en alguna velada en Huelva o a lo mejor en un pub de
Limerick, me contó cómo llegó a España
en la década de los cincuenta buscando el misterio de este
país; cómo se encontró en la ciudad de Jerez
en esa década tan oscura con los empresarios bodegueros,
posiblemente la casta social más engolada y clasista de aquel
entonces.
En torno a un vaso de whisky (irlandés,
por supuesto) que ella me recomendaba aunque no lo bebiera, me contó
los trajines de su padre al importar vino de Jerez hacia Irlanda,
y la utilización de los toneles de aquel vino para macerar
un whisky irlandés extraordinariamente cotizado. Me relató
cómo, al ser detenida por la Brigada Social en los años
sesenta y pasar presa a Carabanchel, sus antiguas maestras del Sagrado
Corazón en Irlanda organizaron una colecta para pagar su
fianza.
Y es que, me explicaba con suave
sonrisa no exenta de malicia, las monjas del Sagrado Corazón
siempre fueron muy de sus alumnas, no las abandonaban.
Décadas después sonaba
el teléfono de mi apartamento en Bruselas y al descolgar
oía el suave y delicadísimo acento británico,
el mismo que treinta años atrás, siempre dispuesta
a proponerme cualquier aventura de la ONG que hasta su muerte ha
presidido. La última, hace unos meses, me anunciaba que tendría
que volver seguramente a Bruselas para ver cómo iba un proyecto
de solidaridad que debía financiar la Comisión Europea.
Desde aquella primavera de 1976
relaciono a Pamela O´Malley con multitud de iniciativas políticas,
sociales y sindicales. Siempre desde una modestia impecable y, a
la vez, con una dedicación y entrega que no conocí
en ninguna otra persona. Era incansable. Terminaba una reunión
a altas horas de la noche y al día siguiente sus alumnos
del Colegio Británico la esperaban en su clase a partir de
las 8:30.
Y siempre con la carcajada y la
ironía irlandesa que le hacía mirar al mundo (e incluso
a los británicos) de forma amable. Lo único que no
perdonaba y que le hacía ausentarse de reuniones, me comentaban
amigos y ella misma, eran sus lidias taurinas en San Isidro en Las
Ventas.
No perdonaba una y se instalaba,
al parecer, en el tendido más bronquista y castizo. ¡Y
no desentonaba entre aquella tribu de gritones y críticos
impenitentes!. Como es normal, al residir en Madrid, no era apasionada
de Curro Romero, pero la volvía loca otro Curro, el Vázquez.
Pamela (y otros colegas que por
ahí andan) cofundó CC.OO de la Enseñanza enfrentándose
a toda la dirección del PCE que había decidido entonces
apoyar otro tipo de sindicalismo unitario a la manera francesa.
Seguramente eso no se sabe pero así fue: la gente que entonces
estaba montando las Comisiones de Enseñanza le dijeron que
no a la dirección, que se llamaba Santiago Carrillo, del
propio partido que, se decía, estaba detrás de aquella
organización de maestros y profesores. ¡Ironías
de la Transición!.
De aquella decisión, polémica
y discutida y que, a los que entonces nos tocó la china de
pelearla, costó mil reuniones, broncas, disgustos y amistades,
surgió un sindicato que hoy es el primero de la enseñanza
española. Que sirva para muchos años y para muchas
cosas.
Ahora renace la pasión por
la historia y la memoria de la transición. Se han dicho y
se están diciendo muchas bobadas y algunas necedades sobre
nuestra historia del siglo XX que da vergüenza escucharlas.
Pamela se asombraba mucho cuando en los últimos años
observaba el clima que se había instalado en las reuniones
políticas educativas. Comparaba esta época con la
de los Pactos de la Moncloa y los años de la transición,
y no entendía cómo se podía se tan pequeño
de mentalidad en asunto tan importante como la educación.
Pamela O´Malley fue injustamente
expulsada de su partido (PCE). Un clima de intolerancia y cerrazón
hizo posible aquello. Pocos años después volvió
por sus fueros en la Nueva Izquierda (PDNI), un intento de adecentar
esa margen del pensamiento progresista. Allí nos veíamos
de nuevo, ella con sus pastillas para el corazón, y nos reíamos,
ya con más añitos, al observar los mismos tics de
algunos personajes en las reuniones. Aquella batalla perdida, que
no fué la única, nos echó definitivamente de
la política. Ella, sin perder la sonrisa, se dedicó
a las tareas de solidaridad presidiendo la Asamblea de Cooperación
Por la Paz.
Nunca vi en Pamela sensación
de derrota o fracaso. Esta vez, sin embargo, el toro negro de la
muerte la ha cogido bien, y nos ha dejado con el mal sabor de boca
y la tristeza en el alma que produce la pérdidad de gente
entrañable.
Sé que si me bebo un buen
vaso de whisky irlandés estará plenamente satisfecha;
siempre me decía que fueron los irlandeses quienes habían
inventado el whisky y, estoy seguro, Pamela tenía razón
también en esto.
Javier Aristu. Escuela
Europea de Bruselas I
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Rebel educationist
in Madrid (versión en castellano)
Pamela O'Malley was a well-known
Madrid character who dedicated her life to democracy and education
in Spain. She held dual Irish and Spanish nationality and became
a militant member of the anti-Franco opposition and was jailed for
her beliefs.
Many of her pupils at the British
School in Madrid were the sons and daughters of leading members
of the Franco regime, but this never influenced her attitude to
her charges. When the judge who had sentenced her to prison was
assassinated by ETA, she was one of the first to visit the family
to offer her condolences. She remained close to hundreds of these
former pupils, manny of whom have gone on to make their mark in
Spanish politics, the judicary or diplomacy.
O'Malley was born in 1929 in Dublin
but brought up in Limerick, where her family were wine importers.
She admitted that her rebellious streak was inherited from her mother
and, straight out of University College Dublin, she ran away with
a married man, Gainor Crist (an american friend of the writer J.
P. Donleavy, who used him as the model for Sebastian Dangerfield,
the "brawling, boozing, whoring" hero of his 1955 novel
The Ginger Man). But she remained close to her family and many friends
in Ireland, visiting them al least twice every year.
She first came to Spain in 1947
when their father sent her with her brother George to visit their
sherry suppliers. Spain in the 1940s was very different from today,
and foreigners were rarely seen. She often reminisced about many
incidents of that trip, including one when they arrived in Jerez
and were taken to the beach by their Spanish hosts. When she changed
into a chaste black woolen regulation school bathing suit, her hostess,
a former English public-school girl herself, was horrified at what
she considered to be a revealing garment. She insisted on lending
O'Malley a more discreet model complete with a skirt to cover her
thighs.
She married Gainor Crist in Gibraltar
when they moved to Spain in 1952, first to Barcelona and then to
Madrid the following year. They taught English before she joined
the staff of the British School where she remained for 34 years
until her retirement. Her husband died, aged 42, in 1964.
In the 1960s she became involved
with the underground anti-Franco struggle when she joined the clandestine
Comunist Party and was a founder member of the education branch
of the Workers' Commission, at that time also illegal. It was not
an easy time for anyone fighting for democracy in Spain. O'Malley
was detained several times for her political activities and served
two jail sentences. Even in Carabanchel prison she continued to
work, and she passed the time teaching her fellow prisoners, many
of them prostitutes, to read and write.
After Franco's death in 1975 adn
the legalisation of trade unions and political parties she remained
active in the struggle for democracy and teachers' rights. Always
the protester, she rarely missed a demonstration, once spending
several hours parading through Madrid dressed in a burkha protesting
against the Taliban's treatment of women in Afghanistan.
Even in politics she was rebellious.
In 1982 she was expelled from the Spanish Communist Party for adopting
an unorthodox Euro Communist line. She joined several others who
had suffered the same punishment in forming the Izquierda Unida
(United Left). But she was not always in agreement with them either
and as with many of her fellow IU members her sympathies gradually
swung towards the Socialists.
After her retirement from the British
School in 2003 she was awarded the Gold Medal by the Spanish Ministry
of Labour for her work to further Spanish education. But it was
not a quiet requirement. She wrote a doctoral thesis on educational
movements under Franco and edited a book, Education Reform in Democratic
Spain (with Oliver Boyd-Barrett, in 1995). In 1995 she was appointed
President of the Asamblea de Cooperación Por la Paz (Assembly
of Cooperation For Peace), and NGO promoting racial harmony between
children of different races and building schools and other projects
in Third World countries. Their most recent work has been in Palestine,
a country she visited in many occasions.
However busy O'Malley was, her
regular season ticket at the Madrid bullring during the San Isidro
bullfight festival was sacred, and she could always be seen in the
same seat high up in the arena. She had and encyclopaedic knowledge
of the history and art of bullfighting.
Jane Walker. The
Independent
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Una educadora
rebelde en Madrid (english version)
Pamela O'Malley era una persona muy conocida en
Madrid, que dedicó su vida a la democracia y a la educación
en España. Poseía la nacionalidad irlandesa y la española,
se convirtió en una militante de la oposición anti-franquista
y fue encarcelada por sus ideas.
Muchos de sus alumnos en el British Council eran
hijos e hijas de altos cargos del régimen franquista, pero
esto nunca influyó en el desempeño de su labor como
docente. Cuando el juez que la había condenado a prisión
fue asesinado por ETA, ella fue una de las primeras personas en
visitar a la familia para transmitirle sus condolencias. Siempre
conservó una estrecha relación con estos antiguos
alumnos, muchos de los cuales han dejado huella en la política,
la judicatura y la diplomacia españolas.
Pamela nació en Dublín en 1929, pero
creció en Limerick, donde su familia se dedicaba a la importación
de vinos. Ella siempre decía que su rebeldía la había
heredado de su madre y, al terminar sus estudios en la University
College de Dublín, se escapó con un hombre casado,
Gainor Crist (un americano amigo del escritor J. P. Donleavy, quien
se inspiró en él para su personaje Sebastian Dangerfield,
el “pendenciero, borracho y mujeriego” protagonista de su novela
de 1955, The Ginger Man (El hombre de jengibre). Pero siempre permaneció
cercana a su familia y a muchos amigos en Irlanda, a los que visitaba
al menos dos veces al año.
Viajó a España por primera vez en
1947 cuando su padre la envió a ella y a su hermano George
a visitar a sus proveedores de jerez. España en los años
cuarenta era muy diferente a como es ahora, y era difícil
ver extranjeros. A menudo recordaba anécdotas de ese viaje,
como aquella en que, habiendo llegado a Jerez, sus anfitriones les
llevaron a la playa. Cuando se cambió y se puso el casto
bañador de lana negra de su colegio, su anfitriona, educada
a su vez en un colegio público inglés, se escandalizó
ante lo que consideró una prenda atrevidísima. Insistió
en prestar a Pamela un modelo mucho más discreto, de cuerpo
entero con una falda que cubría hasta las rodillas.
Se casó con Gainor Crist en Gibraltar cuando
se mudaron a España en 1952, primero a Barcelona y, al año
siguiente, a Madrid. Dieron clases de inglés, y después
Pamela se incorporó como profesora al British Council, donde
permaneció 34 años hasta su jubilación. Su
marido murió, a los 42 años de edad, en 1964.
En los años sesenta se involucró
en la lucha contra Franco, y en la clandestinidad, se afilió
al Partido Comunista Español y fue miembro fundador de la
sección de educación de Comisiones Obreras, también
ilegal en esa época. No eran tiempos fáciles para
los luchadores por la democracia en España. Pamela fue detenida
numerosas veces a causa de sus ideas políticas, y cumplió
dos penas de prisión. Incluso en la cárcel de Carabanchel
continuó trabajando, y pasaba el tiempo dando clase a sus
compañeras de prisión, muchas de ellas prostitutas,
a las que enseñó a leer y escribir.
Tras la muerte de Franco en 1975 y la legalización
de los sindicatos y partidos políticos continuó trabajando
activamente en la lucha por los derechos de los profesores. Rara
vez se perdía una manifestación, incluso en una ocasión
se paseó durante horas por Madrid vestida con un burkha en
protesta por el trato que daban los talibanes a las mujeres en Afganistán.
Incluso en la política era rebelde. En 1982
fue expulsada del PCE por adoptar una postura heterodoxa, en la
línea del euro-comunismo. Se unió a muchos otros compañeros
que habían sufrido la misma represalia en la creación
de Izquierda Unida. Pero aun así no siempre estaba de acuerdo
con ellos y, como muchos de sus compañeros en IU, sus simpatías
fueron gradualmente acercándose a los socialistas.
Tras su jubilación en 2003, recibió
del Ministerio del Trabajo español la Medalla de Oro del
Trabajo, por su labor a favor de la educación en España.
Pero su retiro no fue relajado. Escribió una tesis doctoral
sobre los movimientos educativos bajo el régimen franquista
y editó un libro junto con Oliver Boyd-Barrett en 1995, Education
Reform in Democratic Spain (La reforma educativa en la España
democrática). En 1995 fue elegida Presidenta de Asamblea
de Cooperación Por la Paz, una ONG que promueve el entendimiento
entre culturas, entre niños de distintas razas, y que construye
escuelas y desarrolla otros proyectos en los países del Tercer
Mundo. Su labor más representativa es en Palestina, país
que ella visitó en muchas ocasiones.
Por muy ocupada que estuviera Pamela, su abono
de temporada en la plaza de toros de Madrid para la feria de San Isidro
era sagrado, y siempre se la podía ver en el mismo asiento
en el tendido. Tenía un conocimiento enciclopédico sobre
la historia y el arte del toreo.
Jane Walker. The
Independent
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¡Joder Pamela, cuando no
nos quedaban más que quince días para empezar la temporada!
¿Quién me va a echar la capa por encima de mis hombros
en esos días de lluvia?.
Acabo de venir de verte, no me
ha visto casi nadie, porque no he podido aguantar ni cinco minutos,
bueno quizás es que he sido tan cobarde que apenas he pisado
esa sala trece.
Ayer, antes de saber nada, le dije
a Elvira que tenía que llamarte para ver si me dejabas alguna
entrada de Las Ventas con el fin de escanearlas para mi próximo
libro. A las siete me llamó Natacha y...
Iba para veinticuatro años
tenerte allí, justo encima de mí, o un poquito a la
derecha y ahora... ¿quién va a ser mi colega?. Ten
por seguro que la complicidad que teníamos para ver los toros,
aun hablando poco, se acabado para mí.
Creo que es el día para
ponerme a trabajar en Antonio, no, en Don Antonio Bienvenida, que
seguro que te recibirá enseñándote como se
dan los tres pases cambiados, con esa sonrisa y torería que
siempre admiraste.
Hasta siempre, Pamela.
Antonio González.
Tendido siete
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Unconventional
activist who made Spain her home (versión
en castellano)
Pamela Kathleen Mary O'Malley de
Crist, born July 12th 1929, who died suddenly February 12th in Madrid
aged 76, lived a full life in several words, and graced all of them
with her courage, intelligence, kindness and humour.
Here parents were Kathleen and
Patrick O'Malley of Limerick. Her father was a wine importer, a
successful business ibherited by her late brother, George. She was
a second cousin of the late Donough O'Malley, the legendary Fianna
Fáil minister for education, and she remained close to his
nephew, Des O'Malley, despite her contrasting political philosophies.
Pamela was a marvelous raconteur,
and she relished stories which explode stereotypes. When she was
still a studente in UCD, a tall beauty with a great mane of flaming
red hair, she announced to her parents that she intended to live
with her lover, without benefit of marriage. Her parents brought
her to a priest to set her straight.
"Do you know that what you
propose to do is a mortal sin?" the priest asked her. She did,
she replied. "Ando you still want to do ti?". I do, she
replied. "With all your heart?" persisted the priest.
"Yes", she said, "with all my heart".
"Then, my daughter, do it
you must", this unorthodox priest concluded, to her baffled
parents' outrage.
Her love was Gainor Crist, an American
studying in Ireland under the GI Bill. To Pamela's mild irritation,
he became the model for the protagonist of JP Donleavy's novel "The
Ginger Man", a rather misleading label that has proved hard
to shake off over the years.
The couple went to London in 1952,
where she made lifelong friends, before moving to Barcelona two
years later. They got married in Gibraltar and made their final
home in Madrid. Gainor died in 1964. He was the love of her life,
and she never remarried.
Pamela became a respectd and beloved
teacher at the British School. Many of her pupils were the chiildren
of prominent Francoists, but she was attracted to the opposition,
and was soon a significant figure in the illegal Communist Party
of Spain.
She joined that party, she said,
because "it was the only body sufficiently well organised and
coherent to form an effective underground opposition to Franco".
She was particularly impressed with this strategy of "national
reconciliation" which promised to promote democracy while avoiding
a repeat of Spain's civil war. She was an independent - minded as
she was loyal: she was expelled from the party twice, but then twice
accepted invitations to rejoin. Her last party affiliation was with
the now defunct Partido Democrático de la Nueva Izquierda
(Democratic Party of the New Left).
She was a founding member of the
communist - backed Workers' Commissions in the field of education.
She talked in the most matter - of - fact fashion about those years,
despite the ever - present risks of arrest and torture. After two
brief detentions, she was charged with possession and distribution
of communist propaganda, and sentenced to six months by a notorious
military tribunal.
The general who sentenced her also
told the school to reinstate her once she got out: "She is
the best teacher my daughters have ever had". After the reintroduction
of democracy, the same general was killed by the Basque terrorist
group ETA. Pamela attended the funeral, and was summoned to the
coffin by his widow.
"You were always a Red",
declared the grieving woman, "but you always said that this
kind of thing was wrong".
Pamela saw that the general's son,
an army officer, was weeping abjectly by the coffin. She learned
that he had sought a transfer to the Guardia Civil, and was serving
in the Basque Country. She feared he might be seeking revenge for
his father. She was relieved when she heard that he had fall in
love, and was going to rejoin his old army unit, far from the conflict
zone. But before he could make that move he, too, was killed by
ETA.
For Pamela, the story summed up
her belief that violence was futile, and that reconciliation was
the only worthwhile political path.
It was no surprise, then, that
she spent much of her retirement working tirelessly for a Spanish
peace group, the Asamblea de Cooperación Por la Paz, of which
she was president at the time of her death. She was granted a doctorate
for a thesis on education in the Franco period and edited a book
on education reform.
The Spanish labour ministry recognised
her work with a gold medal, and the ministry of education awarded
her the Alfonso X el Sabio prize. She returned into Ireland frequently,
to visit her many friends in Dublin and Limerick. She holydayed
on her beloved Achill every summer, and enjoyed the Merriman Summer
School and the Kate O'Brien Weekend.
For her irish friends, she will
be remembered more for culture than politics, and most of all for
her exuberant and generous sense of life. She was a mentor to many
visitors to Madrid, and introduced the young Seamus Heaney to the
paintings of Goya and Velázquez in the Prado. A manuscript
cpoy of his poem about that period, Summer 1969, had pride of place
on her wall.
She was a true aficionado of bull
- fighting, and knew and loved every stone of Madrid's old quarter.
To share these pleasures with her was a privilege and an education,
always rounded off with wise and witty reminiscences over a bottle
of good wine and tapas. The Spanish capital will be a duller city
without her.
She is survived by her step - daughters
Mariana and Jane, her niece Siobhán and her nephews Brendan
and Conor.
Irish Times
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"Verano
de 1969", por Seamus Heaney (english
version)
Marie y yo conocimos a Pamela en el verano de 1969
cuando fuimos a pasar tres semanas con Anna, la hermana de Marie,
que era vecina suya. Pamela estaba entonces en la plenitud de su
ser emocional y físico; era una mujer de porte audaz, una
activista política amiga de poetas y artistas que ya tenía
algo de legendario.
Nos resultó atractiva de inmediato por la
relación que había mantenido en el pasado con Gainor
(Crist), y por la relación que mantenía en aquel momento
con la Guardia Civil. Pero además, tenía aquel glamour
especial que yo identificaba con la figura de Maud Gonne. En aquella
época, Pamela aparecía ante mis ojos como la Gonne
que Yeats describe en su poema No second Troy: “alta y solitaria,
y severa en extremo”. Aquella descripción cuadraba
perfectamente a Pamela en una de sus dimensiones: la de noble luchadora
por la democracia, la de mujer dispuesta a ir a la cárcel
por sus ideas y a prestar testimonio de las convicciones de otras
personas.
Pero Pamela tenía otra dimensión:
también era una irlandesa afable, de intelecto ágil
y embriagadora cordialidad, capaz de bromear y reír pero
igualmente capaz de discutir y argumentar apasionadamente. Y estas
primeras impresiones se confirmaron ampliamente a medida que pasaron
los años y nuestro cariño mutuo se convirtió
en una entrañable amistad.
Fue siempre un orgullo para mí que Pamela
conservara colgada en la pared de su casa una copia manuscrita de
un poema mío en el que recordaba aquel caluroso verano de
1969 que compartimos intensamente en la Arganzuela, aquel verano
en que el peligro se estaba fraguando en nuestra tierra, en Derry
y Belfast, y la figura de nuestro futuro comenzaba a manifestarse
en las brutalidades y pesadillas retratadas por Goya.
Así que aquí, en su memoria,
está
“Verano de 1969”
"Mientras la Policía cubría
a la multitud
disparando hacia Falls, yo sólo sufría
el tiránico sol de Madrid.
Todas las tardes, en el calor de cazuela
de mi piso, mientras me abría paso sudando
por la vida de Joyce, los olores del mercado de pescado
se elevaban como el hedor del lino en remojo.
En el balcón, por la noche, gules de vino,
impresión de niños en rincones oscuros,
viejas con chales negros junto a ventanas abiertas,
el aire, una garganta surcada por un río de español.
Hablábamos hasta llegar a casa cruzando campos iluminados
por las estrellas,
donde los charoles de la Guardia Civil
brillaban como el vientre de los peces en las aguas emponzoñadas
por el lino.
"Retrocede", dijo uno, "agrúpense".
Otro conjuró a Lorca desde su colina.
Nos sentábamos para ver listas de muertos y crónicas
taurinas
en la televisión, y celebridades
llegadas de lugares donde seguían ocurriendo cosas de
verdad.
Me batí en retirada al frescor de El
Prado.
"Los fusilamientos del tres de mayo" de Goya
cubría una pared – los brazos en alto,
los espasmos de los rebeldes, los militares
con casco y mochila, la eficiente
ráfaga de la fusilería. En la sala contigua,
sus pesadillas, injertadas en las paredes del palacio –
oscuros ciclones que abrazaban y rompían; Saturno
engalanado con la sangre de sus propios hijos,
el Caos gigantesco girando sus brutales caderas
sobre el mundo. También ese duelo
en el que dos enloquecidos se apaleaban a muerte
por honor, metidos en la ciénaga hasta las grebas, hundiéndose.
Goya pintó con los puños y los
codos, sacudió
el capote ensangrentado de su corazón mientras la historia
embestía."
Seamus Heaney. Escritor
y poeta irlandés, Premio Nobel de Literatura en 1995
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"Homenaje
a la memoria de Pamela O'Malley", en el Museo Irlandés
del Trabajo, el 2 de Abril de 2006 (english
version)
Es realmente un gran honor para mí, como
miembro del Comité Ejecutivo Irlandés de la Asociación
de Amigos de las Brigadas Internacionales, participar en este acto
de conmemoración de la vida y trayectoria de Pamela O’Malley.
Estoy hoy aquí representando a los dos últimos supervivientes
de los irlandeses que lucharon en las Brigadas Internacionales,
Bob Doyle y mi padre, Michael O’Riordan, que está hospitalizado.
Pero también estoy aquí para representar a todos los
veteranos británicos que aún siguen vivos, y especialmente
a un gran amigo de Pamela, Sam Russell. La razón de esto
es que Pamela fue una de esas personas que, en las décadas
que siguieron a la Guerra Civil, hicieron suya la lucha de estos
veteranos en favor de la democracia en España y contra la
dictadura fascista —una lucha simbolizada en el acto de hoy
por la bandera conmemorativa de la Columna Connolly, 15ª Brigada
Internacional—. La de Pamela fue una postura valiente, por
la que pagó el precio de ser encarcelada. Así pues,
hay sobradas razones para incluir entre las palabras que hoy vamos
a pronunciar en recuerdo de Pamela aquel poderoso homenaje poético
que su camarada Rafael Alberti dedicó a todos los brigadistas:
A las Brigadas Internacionales. Porque Pamela O’Malley merece
la primera y última estrofas de ese poema tanto como aquellos
veteranos:
"Venís desde muy lejos... Mas esta lejanía
¿qué es para vuestra sangre que canta sin fronteras?
[...]
Madrid, con vuestro nombre, se agranda y se ilumina."
Como Director del Departamento de Investigaciones del sindicato
irlandés SIPTU, tuve la oportunidad de debatir sobre el legado
de Pamela en un encuentro celebrado en Bruselas el 21 de marzo pasado
con mi colega, camarada y amigo Jorge Aragón Medina, Director
de la Fundación 1 de Mayo de Comisiones Obreras. En los oscuros
días de la dictadura franquista, la propia Pamela estuvo
entre los fundadores de aquel movimiento clandestino en el sector
de la educación. Jorge me envió una copia del magnífico
texto de homenaje que escribió sobre Pamela Javier Doz, Secretario
General de la federación de educación de CCOO, quien
decía de ella lo siguiente:
“Nunca buscó puestos de relevancia.
Tal vez por ello, la huella de su paso por el mundo es más
profunda y tiene mucha más hondura que su mera presencia
como figura pública. Para las muchas personas que la conocimos,
es una huella imborrable”.
Una muestra de la modestia de Pamela es que, cuando
se acercó a mi para felicitarme tras una charla que di en
el Merriman Summer School en 1997, lo primero que hizo fue preguntarme
si me acordaba de ella. ¿Cómo podría haberla
olvidado? Se había convertido en una heroína de mi
infancia en los años sesenta, cuando mi padre me contó
que la habían encarcelado los franquistas.
Coincidí con Pamela en tres memorables ocasiones
en España. La primera en 1994 en el campo de batalla del
Jarama, con motivo de la inauguración de un monumento sobre
la fosa común donde están enterrados 5.000 combatientes
republicanos —entre ellos el poeta irlandés Charles
Donnelly—, un acto en el que también tuve el privilegio
de conocer a Rafael Alberti. La segunda fue en 1996, en la casa
del embajador de Irlanda, Richard Ryan, durante un acto de homenaje
a mi padre y a otros irlandeses veteranos de las Brigadas Internacionales
que acababan de recibir la nacionalidad española, conferida
por una decisión unánime del Congreso de los Diputados
español. La última ocasión fue en el Círculo
de Bellas Artes de Madrid, en 2002, en la presentación de
la autobiografía de Bob Doyle Memorias de un rebelde sin
pausa.
Tanto en la primera como en la última, recité
otro poema de Alberti: Si mi voz muriera en tierra, que traduje
tanto al inglés como al gaélico, en memoria de la
imborrable memoria de aquellos ya fallecidos que nos dejaron el
legado de su lucha por la libertad.
Hoy, en este funeral humanista, recuerdo las palabras
del poeta alemán Goethe cuando decía que “la
poesía es una oración secular”. Así que
una vez más, en honor de Pamela O’Malley, vuelvo a
recitar aquellos versos de Alberti:
"Si mi voz muriera en tierra
llevadla al nivel del mar
y dejadla en la ribera.
Llevadla al nivel del mar
y nombradla capitana
de un blanco bajel de guerra.
¡Oh mi voz condecorada
con la insignia marinera:
sobre el corazón un ancla
y sobre el ancla una estrella
y sobre la estrella el viento
y sobre el viento la vela!"
La perdurable voz de la propia Pamela O’Malley
es la voz exuberante de la España democrática de hoy
por la que tan valientemente luchó, siempre con medios pacíficos.
Es también la voz de las renovadas esperanzas de lograr una
paz democrática que han surgido en las últimas semanas
en Euskadi y en toda España, complementadas por los avances
en Catalunya.
Pamela, gracias a ti y a tus compañeros
de lucha, hoy tenemos una España democrática; y se
puede repetir, no sólo con esperanza sino también
ahora con certeza, aquellas inolvidables palabras de Dolores Ibárruri,
la Pasionaria: “¡No pasarán!”.
¡Salud y victoria!
Manus O'Riordan.
Director del Departamento de Investigaciones
del sindicato irlandés SIPTU