Inicio
 
Proyectos Unión Europea
  DIPECHO 2007
cursos
cursos
cursos
   

 

Este proyecto ha sido financiado por la Unión Europea. Las opiniones que se expresan no pueden en ningún caso ser consideradas como reflejo de la posición oficial de la Unión Europea

Para ver todos los proyectos de ACPP financiados por la Unión Europea, haz click aquí

 

_____________________________________________________________________

 

Después de años de trabajo conjunto de Asamblea de Cooperación Por la Paz y el Instituto de Acción Comunitaria (IDAC) en República Dominicana, llegamos al convencimiento de la necesidad de acompañar cualquier iniciativa de desarrollo local con una estrategia de preparación ante desastres.

El país es extremamente vulnerable ante los desastres, como se ha demostrado en el pasado año 2007 con el huracán Noel y la tormenta Olga. La reciente y triste experiencia ha demostrado que son las comunidades con menos recursos, en las que trabajamos en pos del desarrollo local, las que sufren más cuando se dan estos fenómenos. Los Bateyes, los barrios marginales de Santo Domingo, y las poblaciones que residen a orillas de los ríos, han padecido enormes pérdidas materiales y humanas.

Una estrategia de preparación ante desastres actúa en el nivel más cercano a las comunidades locales, dotándolas de capacidades y recursos para que, ante un fenómeno que puede alcanzar la categoría de desastre, estén preparadas para actuar antes de que llegue la ayuda exterior.

El presente proyecto se llevará a cabo a lo largo de 2008 con el objetivo de que, una vez finalizado, la comunidad local de los tres bateyes donde se desarrolla (Bateyes Alemán, Esperanza y Montecristi, en San Pedro de Macorís) esté lo suficientemente organizada y estructuradas para poner en marcha sus propios mecanismos de alerta, evacuación, salvamento, rescate, socorro y asistencia en caso de emergencia.

El presupuesto de esta iniciativa es de 237.830,88 €, de los cuales 190.207,26 € son aportación de ECHO. Con estos fondos se dotará con recursos, herramientas y capacidades a los 4.245 habitantes de los bateyes Alemán, Esperanza y Montecristi, mediante el establecimiento de un sistema integrado de respuesta y alerta temprana ante los desastres naturales, reduciendo su vulnerabilidad ante las consecuencias devastadoras que pueden acarrear los fenómenos naturales.

Estos son los resultados concretos que obtendremos:

    • Se crearán tres Comités Locales de Gestión del Riesgo.
    • Se entrenarán y equiparán tres Brigadas Voluntarias de Respuesta ante Emergencia.
    • Se realizarán tres planes comunitarios de gestión de riesgo, uno para cada Batey.
    • Se realizarán tres planes de seguridad y evacuación para las escuelas de los tres Bateyes.
    • Se establecerá un Sistema de Alerta Temprana en cada Batey, para un total de 4.245 habitantes, y se realizarán simulacros de emergencia para ponerlos a prueba.
    • Se trabajará especialmente con la comunidad escolar de los Bateyes en la educación, concienciación y fortalecimiento de sus capacidades frente desastres naturales.
    • Se realizarán encuentros regionales y nacionales para el intercambio de experiencias en proyectos sobre desastres.
    • ACPP y el IDAC establecerán su propia Estrategia de Preparación y Actuación ante la emergencia y desastres naturales en República Dominicana.

_____________________________________________________________________

¿Por qué es importante la ayuda humanitaria en la Unión Europea?

Los valores de solidaridad y humanidad fueron la espina dorsal del proceso integración de la Unión Europea desde su creación. Ahora, estos valores siguen constituyendo una parte fundamental de la acción internacional de la UE, manifestándose a través de la ayuda humanitaria.

ECHO, la Agencia de Ayuda Humanitaria de la UE, está presente en las situaciones de emergencia y crisis olvidadas que se producen en todo el mundo, ayudando a los afectados a aliviar los peores efectos de los desastres naturales, los conflictos causados por el hombre y las crisis olvidadas.

ECHO toma decisiones sobre la ayuda humanitaria basadas exclusivamente en el análisis de las necesidades de las personas afectadas, de acuerdo a los principios de imparcialidad, neutralidad e independencia. Es decir, la acción de la ayuda humanitaria europea tiene que estar dictada por el grado de necesidades e intereses de las víctimas, sin ningœn tipo de consideración étnica, nacional o religiosa y en ausencia de cualquier tipo de discriminación o condicionamientos por una de las partes en casos de conflicto. Finalmente, los objetivos humanitarios no podrán mezclarse con objetivos de tipo económico, político o militar.

_____________________________________________________________________

De acuerdo con el Artículo 2 (f) de la Regulación del Consejo (EC) No. 1257/96, del 20 de Junio de 1996, relativo a la ayuda humanitaria, el objetivo principal de las operaciones en el ámbito de la Preparación ante Desastres fundada por la Dirección General de Ayuda Humanitaria de la Comisión Europea (DG - ECHO) será "asegurar la preparación ante el riesgo de desastres naturales o circunstancias comparables y usar un sistema de alerta temprana e intervención rápido y adecuado".

DIPECHO (que viene del inglés Disaster Preparedness DG ECHO) es el programa establecido por la DG - ECHO para mejorar la capacidad de las comunidades en riesgo de preparase para y protegerse ellos mismos ante los desastres naturales. Inicialmente, el programa DIPECHO se concentró en tres regiones: América Central, Sureste Asiático y el Caribe. En 1998 el programa fue extendido a dos regiones más, las cuales están altamente expuestas a desastres naturales: el Sur de Asia y la Comunidad Andina, y en 2003 se ampliió a Asia Central. Aunque la DG ECHO provee ayuda humanitaria ante cualquier tipo de desastre natural, en el ámbito de la Preparación ante Desastres DG ECHO se centra en fenómenos naturales de origen hidro-metereológico y geológico.

En 2007, ECHO anunció el Sexto Plan de Acción para el Caribe, en el marco del programa DIPECHO, con el objetivo principal de reducir el impacto de futuros desastres preparando a las poblaciones vulnerables en las áreas más amenazadas por fenómenos naturales recurrentes.

El plan pretende conseguir una reducción sustancial del impacto de los desastres en las zonas donde se implementen los proyectos, a través de acciones de distinto orden y naturaleza. Se priorizan las acciones de preparación de las comunidades, coordinadas con las instituciones públicas locales, nacionales y regionales, que puedan ser replicadas en otras partes de la región y del mundo. Las actividades de prevención y mitigación a pequeña escala también tienen cabida, siempre y cuando se complementen con las anteriores.

Un factor esencial de cualquier proyecto, para que entre a formar parte del programa DIPECHO, es que esté enfocado y dirigido a las comunidades y categorías de población más vulnerables, altamente expuestas a riesgos de origen natural y con niveles de pobreza altos. Las acciones tendrán que ser diseñadas y realizadas con la participación de las comunidades locales, contando con los medios y recursos que tienen a disposición, con el fin de desarrollar acciones pertinentes a las necesidades reales y sostenibles en el tiempo.

Así, la Preparación ante Desastres se entiende como el refuerzo de la capacidad de respuesta de los actores locales antes de que llegue la ayuda externa. Esto incluye el siguiente tipo de actividades: entrenamiento de equipos de rescate, búsqueda y salvamento, provisión de equipamientos y materiales, organización de simulaciones; Campañas de sensibilización con la población local con el fin de que reconozcan los riesgos de desastre y las medidas necesarias; Sistemas de Alerta Temprana; Elaboración de estudios, mapas y planes de seguridad; Refuerzo institucional.

_____________________________________________________________________

¿Por qué es necesario preparar a las comunidades ante los posibles desastres naturales?

Desde hace años se viene alertando sobre un nuevo escenario mundial del riesgo ante desastres, naturales y provocados por el hombre, en el que la presión del hombre y las consecuencias del cambio climático mundial, entre otros factores, están dando origen a fenómenos incontrolados.

Los desastres naturales no afectan a todo el mundo por igual, y son las poblaciones más vulnerables las que sufren las peores consecuencias. La vulnerabilidad ante los desastres naturales está ligada a distintos factores, por eso, el mismo fenómeno natural, a su paso, puede tener consecuencias devastadoras en un país, y por el contrario, pasar casi sin causar daños en otro mejor preparado para afrontar y reducir los riesgos.

Pero la vulnerabilidad de las poblaciones muestra su lado más amargo al estar estrechamente ligada con la condición de pobreza y las situaciones de desigualdad. Son siempre los barrios más pobres de las grandes urbes, construidos en condiciones y con materiales precarios, los que quedan destruidos; las zonas rurales más deprimidas, muchas veces levantadas a orillas de los ríos, las que se ven más frecuentemente inundadas. Son las familias que viven con menos recursos las que lo pierden todo, y en fin, son los más vulnerables, las personas mayores, los niños, los discapacitados y las mujeres, quienes, además, sufren las peores consecuencias en términos humanos.

La amenaza, el riesgo, la vulnerabilidad y el desastre son conceptos distintos. La amenaza, por ejemplo, sería un fenómeno natural: un ciclón, fuertes lluvias, un huracán o un terremoto, de alta intensidad. El riesgo, es el producto de esta amenaza por el grado de vulnerabilidad de la población:

Riesgo (R) = Amenaza (A) x Vulnerabilidad (V)

Por lo tanto, el riesgo será bajo o alto en función de las amenazas y el grado de vulnerabilidad / fragilidad de la población. Y en fin, el desastre natural es la concreta manifestación del riesgo. Un desastre natural puede tener muchos niveles, determinados por el grado y tipo del fenómeno y de la vulnerabilidad y fragilidad de la población que está expuesta a ellos.

Si existe una relación directa entre la pobreza y vulnerabilidad de la población con el grado que alcanza el desastre natural, las estrategias de desarrollo de las zonas amenazadas no pueden prescindir de una óptica de prevención, preparación y gestión del riesgo. Asimismo, cualquier estrategia de prevención y gestión del riesgo tendría que asumir que, en buena parte, preparar a las comunidades ante los desastres naturales, pasa por el propio desarrollo de estas comunidades, por el aumento del capital económico, social y humano. Una comunidad con mayores recursos económicos, dotada de infraestructuras apropiadas y mejor organizada en todos los niveles (desde las autoridades municipales, los organismos de gestión del riesgo, las organizaciones comunitarias y la propia población) se encontrará en una mejor posición para reaccionar ante una amenaza natural, gestionar la crisis y en fin, organizarse ante la emergencia.

Finalmente, existe un círculo pernicioso entre la pobreza y la vulnerabilidad ante desastres, por el que ambos se alimentan mutuamente. Ante un desastre natural, una población no sólo sufre en los meses inmediatos o venideros, sino que asiste a la destrucción de un trabajo de años, como parte de su proceso de desarrollo, para dotarse de recursos, asentar las bases de la organización comunitaria, o mejorar las condiciones de vida de sus habitantes. Esto supone recomenzar desde cero, o más abajo todavía, pues las situaciones de precariedad y vulnerabilidad provocadas por las crisis y emergencias, en muchas ocasiones, exacerban el lado menos humano de los grupos, alimentando la discriminación de los más débiles, el abuso de poder en las relaciones humanas e incluso, la violación de los derechos humanos.

Las mujeres son siempre las que hacen más y sufren más en un desastre: a menudo, la primera respuesta local proviene de las mujeres, como se vio una vez más en Indonesia después del Tsunami: más del 70% del personal de las ONGs locales entregando ayuda en Banda Aceh eran mujeres. Sin embargo, luego no tienen el derecho a decidir sobre qué ayuda, o quién debería beneficiarse de la misma. Finalmente, surge la violencia contra las mujeres. Los numerosos desastres en el mundo han evidenciado que con los desplazamientos provocados por desastres naturales o conflictos, el riesgo de abuso físico a niñas y mujeres aumenta peligrosamente. Muchos expertos comparten que evitar la discriminación de género en situaciones de crisis es uno de los desafíos más imperiosos de los trabajadores humanitarios.

La manifestación de estos vínculos hace necesario que las instituciones y gobiernos nacionales, las agencias internacionales y las ONGs trabajen junto con las poblaciones amenazadas para prepararse ante las crisis o desastres naturales. La preparación atiende a numerosas dimensiones, desde la estrictamente material (dotación de equipos de rescate), pasando por la capacitación del capital humano, y hasta la dimensión organizativa (la existencia de planes de seguridad, planes de evacuación y actuación ante la emergencia, conocidos y compartidos por toda la comunidad) pueden suponer un cambio sustancial en cómo una determinada población se enfrentará al riesgo y actuará en caso de emergencia.

La preparación ante desastres actúa, por tanto, en el nivel más cercano a las personas potencialmente amenazadas: su objetivo es "prepararlas" para que, ante un fenómeno que puede alcanzar la categoría de desastre, estén lo suficientemente organizadas y estructuradas para que ellas mismas, y antes de que llegue la ayuda por parte de otros organismos y agencias, efectúen sus propios mecanismos para el oportuno aviso, salvamento y rehabilitación de la población (acciones de alerta, evacuación, búsqueda, rescate, socorro y asistencia en caso de emergencia).

Es, en definitiva, una estrategia de gestión del riesgo imprescindible, pues mientras la ayuda internacional puede llegar o no, o las instituciones nacionales pueden o no estar dotadas de capacidad para asistir a sus ciudadanos y ciudadanas, las comunidades afectadas van a tener que enfrentarse al desastre, asistidos o no. La existencia de brigadas de salvamento, comités de gestión del riesgo, planes de seguridad, o sistemas de alerta temprana, dentro de las comunidades afectadas que posibiliten la evacuación y puesta a salvo de la población de una manera organizada, puede evitar muchos daños a nivel de pérdidas humanas. Además, el trabajo de preparación a nivel comunitario puede ser también un instrumento efectivo a la hora de paliar o evitar la discriminación de los más débiles, algo que en muchas ocasiones, la ayuda internacional con sus métodos de reparto o asistencia, no puede evitar.

_____________________________________________________________________

La región del Caribe es especialmente vulnerable al encontrarse en una zona de paso de huracanes, ciclones y tormentas tropicales, altamente expuesta al riesgo durante la época ciclónica que abarca los meses de junio a noviembre. Decenas de estos fenómenos naturales se producen cada año, la mayoría de ellos sin consecuencias graves para la población. Sin embargo en muchas ocasiones, como tristemente verifica la historia dominicana, un fenómeno de este tipo puede causar enormes pérdidas en vidas humanas y bienes. Los desastres naturales acontecidos en la Isla de la Española son numerosos: en el siglo XX tenemos los casos de los huracanes San Zenón en 1930, Inés en 1966, el huracán David y la tormenta Federico en 1979, el huracán George en 1998 y, ya en el siglo XXI, tenemos los casos recientes del huracán Jeanne en 2004 las tormentas Noel y Olga en el 2007.

Con el mismo objetivo prioritario del programa DIPECHO para la región del Caribe, reducir la vulnerabilidad ante los desastres naturales de las poblaciones más vulnerables, hemos elaborado, junto con el Instituto de Acción Comunitario (IDAC), el proyecto "Preparación Comunitaria Ante Desastres Naturales en los Bateyes Alemán, Esperanza y Montecristi, San Pedro de Macorís, República Dominicana".

El proyecto cuenta con financiación de la Agencia de Ayuda Humanitaria, ECHO (190.207,26 €, sobre un monto total de 237.830,88 €). Con este proyecto, cuya ejecución durará hasta septiembre de 2008, se pretende dotar con recursos, herramientas y capacidades a los 4.245 habitantes de los bateyes Alemán, Esperanza y Montecristi, a través del establecimiento de un sistema integrado de respuesta y alerta temprana ante los desastres naturales, reduciendo su vulnerabilidad ante las consecuencias devastadores que pueden acarrear los fenómenos naturales.

La población beneficiaria directa será el conjunto de los habitantes de los tres bateyes, 849 familias (4.245 personas), distribuidos de la siguiente manera:

  • Batey Montecristi: 1.310 habitantes, de los cuales el 49.39% son mujeres.
  • Batey Esperanza: 1.340 habitantes, de los cuales el 48.88% son mujeres
  • Batey Alemán: 1.595 habitantes, de los cuales el 48.53% son mujeres.

Los beneficiarios indirectos de este proyecto son los 107.151 hombres y 109.990 mujeres (un total de 217.141 personas) habitantes de San Pedro de Macorís, de los cuales 193.713 son residentes urbanos y 23.428 habitan en zonas rurales.

Las dos organizaciones ejecutoras del proyecto, ACPP e IDAC, mantienen una presencia constante a través de la realización de programas de desarrollo en la zona desde 1995. La selección de los tres Bateyes Alemán, Esperanza y Montecristi que serán objeto del proyecto responde al criterio de vulnerabilidad de su población y el alto nivel de exposición a amenazas de origen natural. De hecho, las tres comunidades están en una situación caracterizada por una grave carencia de las recursos productivos, servicios públicos, centros sanitarios y educativos, e infraestructuras. La población presenta un alto porcentaje de desempleo y en términos de la organización de la comunidad, no hay una base social fuerte.

 


Sede Social: Calle del Príncipe 12, 4 º C - D. 28012. Madrid. Tlfs: 91 4680492 / 1576 / 91 5302870 - Fax: 91 5397141 - email: acpp@acpp.com
I Imágenes con copyright I 2005