20 AÑOS EN SENEGAL (Migración y cambio climático)

20 AÑOS EN SENEGAL (Migración y cambio climático)

Migración y cambio climático

Hay muchas razones por las que la responsabilidad sobre las desigualdades y la injusticia en el mundo conectan a todas las personas y nos enfrentan a las decisiones cotidianas que tomamos en nuestro día a día. Una de ellas, sin duda, es la (sobre) explotación de los recursos naturales, una cuestión que traza una línea directa entre lo local y lo global debido al sistema económico globalizado en el que está organizado el mundo actual. Para el movimiento ecologista la ecuación está muy clara: vivimos en un mismo planeta, con recursos finitos; el buen o mal uso que hacemos de ellos afecta directamente a los demás.

La conciencia ecológica de nuestro paso por el mundo ha dado un salto cualitativo en los últimos años gracias al trabajo de los movimientos ecologistas y la divulgación de un concepto que condensa factores de tiempo, espacio y causa-efecto: el cambio climático. Tal ha sido el empuje, que la agenda de la Cooperación Internacional al Desarrollo ha integrado la lucha contra el cambio climático como elemento fundamental y trasversal  de todos los programas. Hoy, los análisis sobre la pobreza y la desigualdad en el mundo no pueden ignorar la relación que existe con el uso y control de recursos naturales, un uso -una explotación- que traspasa las fronteras nacionales.

Senegal captó la atención de la prensa española con la llegada de los cayucos a las costas allá por el 2008. Los sectores sociales más reaccionarios trataron la cuestión migratoria como una invasión, los más empáticos hablaron de hambre y pobreza en África. Estos dos términos, el de hambre y pobreza, muchas veces parecen salidos de la nada, como una enfermedad endémica o bien como una herencia desafortunada. Sin embargo, una lectura un poco más fina del movimiento migratorio en Senegal revela la conexión que existe con la desertización de las zonas rurales del país, la salinización de la tierra y el agotamiento de los recursos pesqueros. Las migraciones en Senegal, como en tantos otros países del continente, tienen relación directa con el cambio climático, una transformación drástica de los ecosistemas como consecuencia de la sobreexplotación de los recursos naturales en el mundo, del que nosotras formamos parte.

Concretamente los focos de mayor emigración del país se encuentran en el este del país, la zona más castigada por la sequía y la desertización. Es el caso de Podor, donde ACPP interviene desde 2012, una región dedicada al pastoreo y que depende de la lluvia para el abastecimiento de forraje y agua para el ganado. El río Senegal lo atraviesa por el norte, una zona agrícola que depende de las crecidas estacionales para el cultivo tradicional de secano. Estas parcelas son fundamentales para asegurar el consumo familiar anual de hortalizas y legumbres, ya que las grandes superficies de regadío se dedican al monocultivo del cereal. Frente al cultivo tradicional en el limo, los terrenos de regadío realizan un cultivo intensivo y se promueve el uso de abonos, pesticidas y carburante para la maquinaria agrícola, que acentúa la degradación del suelo además de utilizar energías no renovables. Conforme mayor es la sequía, mayor dependencia existe de este tipo de agricultura, que favorece además el endeudamiento de la población campesina. Por su parte, la población ganadera tiene que desplazarse más lejos para mantener su rebaño; esto provoca una enorme inseguridad física, económica y social para las mujeres de los pastores que deben quedarse en casa y cuidar de la familia. En muchas ocasiones, se convierten en mujeres abandonadas por sus maridos, que han terminado por emigrar.

Nuestras intervenciones en la zona han evolucionado con nuestra conciencia ecológica de los problemas que afectan a la población y las alternativas existentes. En estos años, hemos trabajado fundamentalmente con nuestra contraparte USE, y nos han apoyado instituciones como la Junta de Castilla y León, la Junta de Andalucía, la Junta de Extremadura, el Gobierno de Baleares y numerosas Diputaciones y ayuntamientos, que han podido constatar cómo hemos ido desechando progresivamente las energías fósiles y apostando por las prácticas agroecológicas en los proyectos de seguridad alimentaria en la zona. Nos queda un enorme camino por recorrer aún, pero hemos avanzado considerablemente en la sostenibilidad de nuestros proyectos al incorporar la dimensión ecológica en el análisis de las causas de la pobreza y la desigualdad en Senegal. ●