El movimiento de mujeres palestinas

El movimiento de mujeres palestinas

El movimiento de mujeres palestinas a los 50 años de ocupación
Khawla Qaraqe // Centro de Asesoramiento Psicosocial para Mujeres (PSCCW)
La aparición y la evolución del movimiento de mujeres palestinas, y el rol político de las mismas, están intrínsecamente ligados a la lucha palestina contra la Ocupación israelí. Desde mi punto de vista, la Ocupación no se inició en 1967, sino con la “Nakba” o “catástrofe” de 1948, cuando más de 700.000 palestinos huyeron o fueron expulsados de sus hogares en lo que posteriormente se convirtió en el Estado de Israel.
La lucha palestina es el contexto en el que las mujeres palestinas han manifestado su papel, y en el que hayan formado una parte integral de la lucha contra de la Ocupación en todas sus formas. El ejercicio del papel nacional de la mujer palestina ha sido uno de los factores clave que ha fortalecido su presencia política, dando legitimidad al desempeño de su papel político, y que les ha ayudado a romper las normas sociales convencionales que consideran a la política como esfera exclusiva de los hombres.
La progresión histórica de la participación política de las mujeres en Palestina es una experiencia que se cruza con la de numerosos movimientos de mujeres en las sociedades que pasaron por procesos similares de luchas nacionales por la independencia, principalmente entre los años 50 y los años 70. En el caso palestino, la aparición del movimiento de mujeres está vinculada a las necesidades inmediatas creadas por las catástrofes continuas a las que se ha enfrentado la sociedad palestina y, en consecuencia, mayores niveles de pobreza, que a su vez hizo necesaria la creación de programas de presentación de servicios básicos, para cubrir el vacío deliberadamente dejado por las autoridades israelíes en la provisión de servicios a la población palestina bajo su ocupación.
Con respecto al papel de la mujer entre la ocupación de Cisjordania, la Franja de Gaza, Jerusalén Este, los Altos del Golán y el Sinaí en 1967, y el estallido de la primera Intifada en 1987, además de la participación de la mujer en todos los aspectos relacionados con la resistencia contra la Ocupación, este periodo vio una mejora cualitativa en la capacidad de organización y evolución de la conciencia social de las mujeres palestinas. Esto se manifestó en la creación de organizaciones de mujeres a nivel popular, que constituían una extensión de los partidos y movimientos políticos nacionales. Las mujeres lideraron manifestaciones y huelgas generales, además de trabajar para fomentar la conciencia legal y social entre ellas a través de programas de sensibilización y la puesta en marcha de guarderías y centros de formación profesional.
En esa época, la participación política de la mujer palestina ya no se limitaba a la élite, sino que se amplió para incluir a las mujeres a partir de los diversos segmentos de la sociedad, y las organizaciones de mujeres jugaron un papel importante para poner en relieve las cuestiones legales y sociales relevantes para las mujeres. Sus programas y estatutos incorporaron los conceptos de igualdad, los derechos sociales de las mujeres, y el reconocimiento de la lucha política como algo no sólo vinculado con la resistencia a la Ocupación sino también para resistir la herencia social y cultural que consagraba la inferioridad de la mujer, y que obstaculizaba su plena y activa participación en todos los ámbitos de la vida de la sociedad palestina.
La primera Intifada fue testigo de la creatividad de mujeres increíbles, y que contribuyó a la mejora de su papel en la sociedad. Las mujeres también jugaron un rol en aliviar el sufrimiento del pueblo palestino y fueron capaces de dar respuestas ante el proceso de “des desarrollo” impuesto por la Ocupación, especialmente a través del trabajo voluntario. Eran creativas en los campos de la educación popular, la agricultura y el cuidado de la tierra, y en las campañas solidarias sociales con los diversos segmentos de la sociedad afectados por la Ocupación israelí. Las mujeres jugaron un papel que contribuyó a proteger el tejido social palestino y su cohesión.
Sin embargo, el impulso de la participación de las mujeres en la lucha no ha ido en paralelo con una mejora en su estado dentro de los partidos políticos. Los partidos continuaron con su política de aprovecharse de las mujeres sin darles un espacio adecuado en la participación política y la toma de decisiones, a pesar de que ellas se convirtieron en un gran número de miembros de organizaciones y de partidos políticos. Para las mujeres, su mayor preocupación seguía siendo la plataforma nacional pero vieron que la plataforma de derechos estaba inextricablemente ligada a la lucha contra la ocupación.
La creación de la Autoridad Palestina en Cisjordania y la Franja de Gaza en 1994, con la firma de los Acuerdos de Oslo, constituía un giro brusco en el trabajo del movimiento de mujeres y el contexto de su participación política. Hubo una regresión en el papel de las organizaciones populares de mujeres y empezaron a crearse organizaciones de mujeres especializadas que sustituyeron el voluntarismo que había caracterizado las fases previas del movimiento. Numerosas mujeres líderes, que estaban activas en el movimiento de mujeres, comenzaron a trabajar en estas nuevas organizaciones. Su motivo principal era hacer frente a lo que percibían como la marginación de las mujeres, su alienación de los partidos políticos, y su sensación de que sus sacrificios y la lucha de las mujeres en la época previa a la Autoridad Palestina, no se había apreciado lo suficientemente.
Se puso énfasis en los programas para incidir sobre la ley y la legislación con el fin de hacerlas más inclusivas de los derechos de las mujeres. Se formaron coaliciones nacionales, tales y como la coalición correspondiente al código penal, la coalición de la ley del estado civil, la coalición contra la violencia de género etc. A pesar de esto, hubo una regresión en la participación de las mujeres en el movimiento nacional que se hizo evidente cuando comenzó la segunda Intifada en el año 2000, en el que las mujeres desempeñaron un papel mínimo, en gran parte debido a la naturaleza militarizada de la Intifada.
En los últimos años, la Autoridad Palestina ha dado pasos para integrar cláusulas legales en la Ley Básica y la Ley de Elecciones nº 13 de 1995, para consagrar la igualdad de género. Sin embargo, dichos pasos no se han traducido en cambios tangibles en la práctica, y siguen existiendo numerosas deficiencias.
Los planes nacionales de desarrollo elaborados por la Autoridad Palestina desde 1996 no reflejan un interés claro en las necesidades de las mujeres, especialmente cuando se trata de cerrar la brecha de género en el desempleo, la pobreza, y su participación en el mercado laboral formal.
El presupuesto del Estado no es sensible a las cuestiones de género y no resuelve los problemas específicos de las mujeres en cuanto a la salud, la política de educación, la formación profesional y la formación no convencional. En cambio, da prioridad al empleo informal de las mujeres dentro del hogar, el apoyo a programas de generación de ingresos dirigidos a / por mujeres, y el papel de la mujer rural en el sector agrícola.
Con respecto a la situación actual del movimiento de mujeres palestinas, la pobreza y la débil participación económica son factores clave que dificultan su participación en la esfera política, y las divisiones internas -a pesar de indicios recientes de una posible reconciliación entre Fatah y Hamas- y la parálisis de la institución legislativa, impiden la adopción de leyes que garanticen la protección, la justicia y la equidad para las mujeres. Además, el crecimiento del pensamiento fundamentalista ha dado lugar a una regresión en la situación de la mujer y su participación en la vida pública.
La realidad actual de los partidos políticos palestinos refleja que el liderazgo sigue en manos de personas con pensamiento machista, que carecen de un verdadero compromiso para mejorar la condición de las mujeres, y que son incapaces de presentar programas que sirven como bases para unir la sociedad palestina a su alrededor, especialmente los jóvenes y las mujeres. Y en la Autoridad Palestina, a pesar de existir una buena base jurídica para la promoción de la igualdad de género y una voluntad política adecuada hacia la participación política de las mujeres, esto no se traduce de manera tangible en forma de la creación de una red, y de procedimientos y políticas que aseguran la implementación de la ley.
Internamente, el movimiento de mujeres palestinas está dividido y sigue habiendo una falta de consenso en torno a su visión, sus objetivos y sus prioridades. A pesar de los esfuerzos realizados hacia la unificación del movimiento alrededor de un programa que se dirige a las necesidades y prioridades de las mujeres a todos los niveles, el ámbito de las mujeres sigue estando polarizado, lo que, finalmente, conduce a la pérdida de recursos y energía.
En última instancia, sin embargo, a los 50 años, la continuación de la Ocupación israelí sigue constituyendo el impedimento clave para lograr la deseada igualdad de las mujeres palestinas.