La población salvadoreña elige comenzar una nueva etapa política

La población salvadoreña elige comenzar una nueva etapa política

La población salvadoreña elige comenzar una nueva etapa política

Nayib Bukele, de 37 años, será el nuevo presidente de El Salvador a partir del próximo 1 de junio. Así lo quiso la población salvadoreña en las elecciones celebradas el primer fin de semana de febrero, dando así un vuelco a la historia de los últimos 30 años. Tres décadas durante las que los derechistas Alianza Republicana Nacionalista (ARENA) y la izquierda tradicional, el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), se habían alternado el poder ejecutivo, primero uno y después otro. Nayib Bukele, otrora alcalde capitalino por el FMLN y hoy candidato por la derechista Gran Alianza Nacional (GANA), arrolló en primera vuelta y con más del 50% de los votos se alzó con una victoria que ha movido el suelo de la escena política salvadoreña.

El FMLN consiguió llegar a la presidencia de El Salvador en el año 2009 de la mano de Mauricio Funes, alguien que no fue guerrillero ni participó en actividades subversivas durante la guerra civil que asoló el país en los años 80. Con este hito la población salvadoreña pensó que era hora de darle la oportunidad a la izquierda para combatir las tasas de pobreza y desigualdad, delincuencia, corrupción e impunidad. Así se emprendieron políticas sociales en lo que se pretendía fuese el germen de un estado de bienestar institucionalizado, todo ello con una apertura al diálogo y trabajo con la sociedad civil, muestras de transparencia y rendición de cuentas en la gestión pública. Incluso se abordó de manera decisiva la cuestión de género con leyes y políticas que promueven la igualdad y luchan contra la violencia hacia las mujeres y las personas LGBTI.

Sin embargo los años fueron pasando y, a pesar de que el FMLN había acumulado más poder y confianza ciudadana que nunca con la obtención de un segundo mandato, se fueron acumulando varios factores que lastraron al ejecutivo. La falta de valentía en la Asamblea Legislativa, donde el FMLN nunca se decidió a abordar una reforma fiscal progresiva y progresista por miedo a la reacción de la derecha y sus poderes fácticos, convirtiendo a los programas sociales en asistenciales por provisionales y discrecionales. Además, los métodos, medios y canales de corrupción que ARENA había tejido durante sus años de mandato no fueron destruidos por el FMLN, y poco a poco se fueron conociendo casos de enriquecimiento inexplicable y nepotismo por parte de referentes del partido, y se podían observar negociaciones interesadas de puestos e instituciones del estado. El FMLN, en su ansia por reforzar su poder y tener equipos sólidos y fieles, se fue deshaciendo de personas colaboradoras críticas con la labor gubernamental, e incluso acusando de traición a buena parte de la sociedad civil que también estaba demandando cambios. Este cóctel, al que se sumó la sempiterna y estructural violencia que vive el país, provocó un hartazgo social creciente, que terminó estallando con la salida del FMLN del hoy candidato electo. La “cúpula”, como así se denomina a la comisión política del partido rojo, no supo gestionar egos y ambiciones de unos y otros, y todo desembocó en una representación dramática que ha acabado en tragedia, con la pérdida para la formación ex guerrillera de más de un millón de votos: casi el 70% de las personas que les votaron en 2014 les dieron la espalda.

Bukele formó el partido Nuevas Ideas, en el cual no se inscribió, para así recalar en la GANA para que su candidatura no fuese tumbada por la persecución normativa electoral a la que fue sometido por parte de sus adversarios, probablemente temerosos de lo que precisamente hoy ha ocurrido. Nayib Bukele recogió el descontento de la población, fundamentalmente juvenil, y la transformó en fuerza electoral. Todo un caso a analizar, con una campaña muy al estilo Trump, en la que sin una estructura territorial amplia y fuerte, y con una publicidad nada usual, con mucha presencia en redes social para lo habitual en el país centroamericano, el próximo nuevo presidente salvadoreño manejó a su antojo el ritmo de la campaña, incluso permitiéndose no acudir a ningún debate electoral contra sus rivales.

Desde ACPP deseamos poder seguir trabajando apoyando el desarrollo e implementación de políticas públicas en favor de las mayorías sociales y los grupos de población en situación de mayor vulnerabilidad. Esperamos que el nuevo gobierno siga dando una atención primordial a la erradicación de la violencia y discriminación de toda violencia basada en género, incluyendo la que el mismo estado aplica a las mujeres, impidiéndoles decidir sobre sus cuerpos. Deseamos igualmente que realmente se financie la reforma de salud iniciada en 2009, en búsqueda de un sistema único, público, gratuito, universal y abierto a la participación ciudadana, así como se continúen con las políticas de mejora de la educación de todas y todos. Así mismo seguiremos colaborando para generar oportunidades en condiciones de igualdad y enfocadas a romper las brechas de género y económicas que hoy permiten que la delincuencia o la emigración desprotegida sean una salida para la juventud. Todo ello junto con las organizaciones socias salvadoreñas, impulsando la articulación ciudadana para la incidencia y supervisión de los poderes públicos, desde las redes comunitarias a las mesas nacionales por la mejora en la accesibilidad y disponibilidad de derechos para todas y todos. ●