Casamance. El conflicto más largo y olvidado de África

Casamance. El conflicto más largo y olvidado de África

Una sensación de extraña calma inunda la región de Cassamance en Senegal desde hace muchos años. Como cuando el ojo del huracán llega y sabes que esa tranquilidad no es del todo real.
El conflicto de Casamance es uno de los episodios más largos, antiguos y olvidados del África Occidental, más de 35 años de conflictos, con miles de víctimas, tanto directas como indirectas. Desde su inicio, este capítulo ha pasado casi en silencio por los medios de comunicación, mientras arrasaba cualquier proyecto de futuro y progreso a su paso.

El conflicto de Casamance

La región de Casamance, considerada el granero de Senegal, representa el 15% de la superficie del país y es unas de las regiones más verdes y ricas en recursos naturales, especialmente el agua y el bosque. En estas latitudes la vegetación cambia, dejando atrás la flora característica del Sahel, donde abundan las tierras de pasto y sabanas, con áreas de matorral, y dando paso al bosque subtropical. En Senegal, puedes encontrarte en el norte, a las puertas del desierto, y en el sur a las puertas de la selva tropical.

Casamance siempre se ha visto distanciada frente al resto del país. No sólo de forma geográfica sino, también, por tener una religión, cultura e historia diferentes. La región tiene una historia de colonización de origen portugués -distinta a la del norte del país- que la acerca más a su vecino Guinea Bissau que a la capital; asimismo, preserva una cultura tradicional férrea que no ha eliminado ni la colonización europea, ni las religiones monoteístas, ni tampoco la cultura y lengua exportada de la capital senegalesa, el wolof.

El mosaico étnico en Casamance se compone de diolas, mandingas, manjacques, peuls, serer y otras etnias menos numerosas que comparten con Guinea Bissau y Guinea Conakry. Son, en su mayoría, etnias del bosque y el manglar que conservan las tradiciones animistas de sus antepasados aunque muchas veces las incorporen a las creencias religiosas introducidas después (islam y cristianismo).

A pesar de ello, el origen del conflicto armado es fundamentalmente económico y político, más que étnico-cultural. Tiene que ver con los acuerdos y promesas que se hicieron durante la independencia de Senegal y con la apropiación de tierras por parte de los senegaleses del norte, acompañados de empresas y multinacionales extranjeras.  La tensión entre el norte y sur se fue incrementando durante los años setenta, en los que intervienen teóricos intelectuales que hablan de la diferente idiosincrasia de los diola frente a los wolof y de la explotación del sur por parte del norte. Los casamanceses, con un fuerte sentimiento de identidad propia, tomaron las calles mediante una protesta pacífica hasta la ciudad de Ziguinchor un 26 de diciembre de 1982, liderados por las Fuerzas Democráticas de Casamance (MFDC) y reclamando la autonomía a un país con el que no sentía unión alguna. Llegados hasta el Palacio del Gobernador, izaron una bandera blanca y la respuesta vino en forma de detenciones, desapariciones y asesinatos. Las reclamaciones pacíficas cesaron en 1985, con el nacimiento del brazo armado del MFDC, Atika (guerrero en diola), lo que produjo un recrudecimiento de la violencia y una situación de inseguridad que todavía hoy no se ha resuelto.

Con más de 35 años, el conflicto de Casamance es uno de los más longevos del continente y curiosamente uno de los menos conocidos. Según los datos del Gobierno, hasta el año 2000 la guerra había provocado unas 60.000 personas desplazadas y 231 pueblos habían sido abandonados. Otras fuentes hablan de 5.000 muertos hasta la fecha y hasta 783 hogares desplazados, entre los cuales aproximadamente un 30% se encuentran en Guinea Bissau y Gambia. Las consecuencias de la contienda se reflejan igualmente en la economía de la zona y la ciudadanía que perdió su hogar, su tierra y los recursos de los que dependían las familias, con el agravante de entrar en una situación administrativa complicada: hoy estas personas no figuran en ningún registro civil, lo que origina a su vez dificultades en el acceso a los servicios básicos. Tenemos que sumar a esto la destrucción que ha sufrido de muchos servicios e infraestructuras de agua. A pesar de que los sucesivos presidentes de la república han hecho declaraciones sobre su intención de resolver la cuestión del conflicto de Casamance y ha habido numerosos intentos por llegar a un acuerdo de paz, en la práctica no parece que sea una prioridad para el gobierno central, y que la estrategia política está más orientada al olvido que a la resolución.

Espacios de diálogo y cooperación por la paz

Pese a ser una guerra silenciosa que ataca de forma inesperada, su sociedad civil sufre directamente. Un triste conflicto que sigue generando rencores y violencia a su paso, bajo un gobierno incapaz de poner fin.

Pero hay esperanza. Claro que la hay y gran parte de ella surge de la iniciativa femenina local, donde destaca nuestra contraparte local USOFORAL (Comité regional de solidaridad entre mujeres por la paz en Casamance). Con más de 20 años de trabajo en la región de Ziguinchor, juegan un papel clave como activistas políticas por la resolución del conflicto y como agentes de desarrollo local, mediante los proyectos que realizan y que incluyen acciones de formación, mediación, investigación, integración de poblaciones desplazadas y desarrollo local con un papel central reservado a las mujeres. Como bien apuntaba nuestro compañero Manu Brabo, la mujer no sólo ha sabido cargar con las infinitas tareas que tradicionalmente llevaba, sino que se ha integrado como parte activa del conflicto. No tomando las armas activamente, sino implicándose a nivel político, social, familiar y espiritual en cada pueblo.

Y con este pequeño punto de luz, desde ACPP trabajamos codo a codo con USOFORAL para la construcción de una cultura de paz, reconociendo el importante papel que juegan las mujeres en él. Algunas de las instituciones que nos han acompañado en este proceso son la Diputación de Bizkaia, la Diputación de Granada, la Diputación de Badajoz, el Ayuntamiento de Bilbao, el Ayuntamiento de Andoain y recientemente la Junta de Andalucía. Así, en nuestra apuesta por el diálogo social, trabajamos en las zonas más afectadas, creando una mesa de diálogo y desarrollando acciones como la creación de espacios de diálogo a nivel comunitario (observatorios de paz para realizar mediación de conflictos en sus comunidades), el desarrollo de materiales de sensibilización y herramientas de comunicación y resolución de conflictos, el fortalecimiento de la red de asociaciones de mujeres de la región y el acompañamiento al retorno de poblaciones desplazadas.

Es tiempo de paz. Es tiempo de cambio

Pero siempre hay algo por hacer. Juntos podemos cambiar las reglas y construir un prometedor futuro. Hazte socio/a de ACPP y apoya nuestra labor en https://www.acpp.com/asociate/

 

FOTOGRAFÍA El cambio puede llegar de la mano de la iniciativa femenina local. @Toon van Dijk